el blog de reseñas de Andrés Accorsi

lunes, 11 de diciembre de 2017

OTRA TARDE DE LUNES

Sigo avanzando con las lecturas, muy confiado de llegar al 31 de Diciembre con 100 posts realizados en 2017.
Arranco con otra miniserie de la década pasada que Marvel jamás recopiló en libro. Wolverine: Netsuke es un comic 100% de autor, en el que el maestro George Pratt tiene total libertad para hacer lo que se le dé la gana a lo largo de 128 páginas. Pratt se copa con ese vínculo (imaginado por Chris Claremont y luego usado hasta el cansancio) entre Wolverine y la tradición japonesa de los samurais, y en base a eso estructura una historia en la que se toma absolutamente todas las atribuciones habidas y por haber.
El glorioso referente del estilo pictórico propone una trama en la que tienen muchísimo peso los elementos sobrenaturales, y sobre todo los oníricos. Mucho de lo que vemos en el comic son alucinaciones o sueños de Logan, que lo transportan a un Japón feudal… raro, sin ningún rigor histórico, en el que él no es Wolverine, sino un guerrero japonés con los poderes curativos y las garras. Enfrente tendrá a una especie de bruja, una mujer que parece estar hecha de nieve y frío, a la que Pratt dibuja tan hermosa que tardás un toque en convencerte de que es la villana. Por supuesto, es todo tan etéreo y el autor se calienta tan poco por explicitar lo que sucede, que todo queda abierto a lo que cada lector tenga ganas de interpretar. Hay dos realidades, en una Logan todavía llora la muerte de Mariko, en la otra pasan cosas muy extrañas durante un crudísimo invierno nipón… y el resto está ahí, sugerido, como para que si te interesa el relato te involucres y le busques una vuelta que te cierre.
Lo definitivo, lo inapelable, está en el trabajo de Pratt en la faz gráfica. Acá el ídolo no se guarda nada en materia de línea, de color, de manchas, y hasta se da el lujo de jugar con la puesta en página para acentuar ciertos momentos clave de la narración. Por supuesto, hay mucha splash-page, mucha ilustración disfrazada de historieta, pero son imágenes de alto impacto, de enorme belleza plástica, en las que Pratt construye los climas que elige para cada una de las secuencias y -de paso- da cátedra de composición. Wolverine: Netsuke es una de esas historietas que no necesita tener un guión para ser considerada una obra maestra. Y –como ya dije- en EEUU nunca salió en libro, pero leerla en revistitas es un placer, porque se trata de cuatro comic-book sin avisos, con historieta de portada a portada. Una maravilla.
Me encuentro con otro librito argentino que para mí era de este año, pero que dice haber sido impreso en 2016. Frivolicidad con Papas Fritas es un recopilatorio de las tiras cómicas realizadas por Ziga (Iván Zigarán) a partir de 2010. Esto es tan, pero tan bueno, que me dejó mal. Me quedé tipo “la puta madre, siento que llegué tarde a algo genial”. ¿Cómo puede ser que Ziga no sea famoso? ¿Que estas tiras no estén en los medios más masivos del universo? ¿Que este librito sea difícil de vender incluso en su país de origen? Es todo una injusticia infinita e inexplicable….
Ziga practica un humor descarnado, apuntado principalmente a la hipocresía de nuestra vida cotidiana, a las contradicciones grotescas de cualquier sociedad capitalista que tiene al Consumo como deidad básica y al Dinero como principal meta aspiracional. Memoria, cultura, coherencia, preservación del medio ambiente, respeto para con el distinto, solidaridad con los que menos tienen… ¿quién carajo quiere esas boludeces cuando se puede tener un nuevo celular, o un nuevo televisor con pantalla gigante? Si alguna vez te preguntaste cómo esos pibes y pibas que hace 30 ó 40 años eran tus amigos de la infancia se convirtieron en garcas frívolos, cínicos e insensibles, Ziga te ofrece un montón de respuestas, punzantes y cómicas a la vez.
El dibujo es excelente, es una especie de Gustavo Sala menos expresionista, menos pasado de rosca, un poquito más “careta”, más prolijo, más accesible, como si lo mezcláramos con un… 15% del Niño Rodríguez o Emiliano Migliardo. Y lo único que no me convenció son esos sombreados marrones que aplica Ziga a la hora de colorear. Sin eso, el dibujo se vería más plano (y más parecido todavía al de Sala) pero estéticamente sería más lindo, por lo menos para mi gusto.
La gran noticia es que Frivolicidad con Papas Fritas existe, está editado y se consigue. O sea que –mal y tarde- todavía estamos a tiempo de descubrir a Ziga y de sumarlo a la lista de autores fundamentales que tiene la historieta humorística en nuestro país.
El viernes me voy unos días a Catamarca, a participar del último evento de este agitadísimo 2017. Pero seguramente antes de irme clavaré por lo menos un post más, acá en el blog. Gracias a todos y si hay lectores de Catamarca, acérquense a saludar el sábado en la ColossusCom.

viernes, 8 de diciembre de 2017

VIERNES FERIADO

Hermosa tarde de ocio para escribir las reseñas de un par de libritos que leí en estos días…
Le entré al Vol.2 de Aula a la Deriva, el clásico setentoso de Kazuo Umezu cuyo primer tomo (reseñado el 20/10/17) me había dejado bastante cebado. Ahora, con 380 páginas más a cuestas, panquequeo y digo que no, que este manga no me termina de convencer. Tiene varias cosas muy atractivas, a saber: el ritmo, la forma en que Umezu hilvana los hechos para que siempre estemos al filo de la silla, siempre ansiosos por saber cómo corno sigue la historia. La narrativa, que es magnífica y está pensada hasta el último detalle para que la trama fluya como en un sueño, con total naturalidad. Y por supuesto, la idea de poner a chicos de nueve y diez años en un contexto de extremo peligro, donde están sujetos a niveles de violencia escabrosos, e incluso a recibir heridas graves o morir.
El resto, me entusiasmó menos que en el tomo anterior. La forma en que Sho se comunica con su mamá me pareció patética, no creo que a largo plazo garpe la decisión de Umezu de sacarse de encima a todos los adultos, la consigna ganchera del aislamiento se diluye cuando todo el tiempo los chicos salen a explorar lo que hay afuera de la escuela, los vemos construir cosas complejísimas, que ningún chico de escuela primaria podría construir, el protagonista es un personaje bastante chato y poco carismático (me gustó más la villana que aparece en la segunda mitad de este tomo)… Y lo más flojo, lo que más me la bajó, es que se ven mucho los piolines de la marioneta. Todo el tiempo me lo imaginé a Umezu pensativo, mirando la página en blanco, preguntándose “¿y ahora qué carajo meto para mantener el suspenso y la tensión?”. La respuesta es “cualquier cosa”, desde escenas re-cabeza en las que los chicos luchan contra un monstruo insectoide hasta ese tramo casi de comedia desopilante en el que forman una nación, con elección de Primer Ministro y demás. Me imagino que a Aula a la Deriva le debe haber ido bárbaro, y los editores le deben haber suplicado a Umezu que siguiera pegando esos volantazos bizarros semana a semana, en vez de concentrarse en explicar de alguna manera el misterio central, o hacer avanzar la trama hacia un final coherente.
El dibujo es correcto, está bien, tiene mucho laburo de tramas y texturas, y en general contribuye a la fascinante fluidez del relato gráfico, que es si dudas el ancho de espadas de Kazuo Umezu. Ya no estoy tan manija como hace un tiempito para entrarle al Vol.3, pero eventualmente leeré ese (y el Vol.4) y después veré si me lanzo a conseguir los dos últimos tomos, o si la corto ahí.
Sigo avanzando con el pilón del material editado en 2017 en Argentina y me encuentro con este tomo de Boras, con el que salió al ruedo la editorial rosarina Alquimia. Tengo entendido que hicieron una tirada muy baja y ya se agotó, así que suerte a los que se decidan a tratar de conseguirla.
El guionista Fede Sartori (a quien conocía de la Términus) y el dibujante Nacho Lázaro (a quien no conocía pero tiene toda la pinta de haber sido alumno o asistente de Marcelo Frusín) narran tres historias protagonizadas por Boras, un sacerdote exorcista de la iglesia ortodoxa rusa, a quien acompaña un demonio muy garca que se viste como Dylan Dog y es fan de los Rolling Stones, para formar una “extraña pareja” que funciona muy bien. La primera historia es muy breve y sirve para presentar a los personajes. La segunda (ya a todo color) tiene más acción, más “cheap thrills”, pero lo más atractivo es el vínculo entre Boras y Gabriel, muy por encima de la trama que urde Sartori. Y la pulenta llega al final, con el tercer relato, 19 páginas en las que el guionista finalmente le encuentra la vuelta a la serie y nos obsequia una trama espeluznante, turbia, con giros inesperados, con una bajada de línea sutil y exquisita… y sin descuidar la dinámica entre los personajes que tan bien funcionaba en las dos primeras historias. Si “Cold, Cold Heart” no te deja con ganas de leer más Boras, estás en serios problemas.
El dibujo de Lázaro está bien, acompaña correctamente al guión. Además de notarse cierta influencia de Frusín, en la segunda historia (Lazos de Sangre) asistimos a una copia milimétrica de la puesta en página de Mike Mignola en Hellboy. Hay mucho yeite mignolesco en las historietas de Boras, pero hay una secuencia en particular, la de la lucha en las cloacas con los pibes caníbales, en la que sólo falta que aparezca Abe Sapien. El color también está muy bien, sobrio y consistente. Lindo material, con buenos personajes, una consigna interesante y una dupla de autores jóvenes que tienen todo para no quedarse en la fácil, que es tratar de generar la enésima copia berreta de Hellblazer.
Vuelvo pronto con más reseñas. Gracias y hasta entonces.

miércoles, 6 de diciembre de 2017

NOCHE DE MIERCOLES

Sigo leyendo a buen ritmo, muy confiado en que llego cómodo a los 100 posteos durante 2017.
Arranco con una miniserie que leí en revistitas porque en EEUU nunca se recopiló. Se tratar de Black Widow: The Things They Say About Her. Es la segunda miniserie de seis episodios escrita por el novelista Richard K. Morgan y funciona como secuela de Black Widow: Homecoming… la cual jamás leí.
En una de esas es por eso que The Things They Say About Her me pareció tan chota… pero no creo. Esto es patético por mérito propio, no da para “repartir culpas” con un arco anterior que no leí. Tres problemas fundamentales: 1) Son seis episodios y TODO lo relevante sucede en los dos últimos. Los cuatro primeros se pueden tirar a la basura sin ninguna consecuencia. 2) El argumento es una sucesión de excusas pedorras para que Natasha cometa una atrocidad atrás de otra. No sé cuál es la gracia de borrar por completo la línea divisoria entre buenos y malos y mostrar una y otra vez que la heroína puede ser tanto o más hija de puta que los villanos más hijos de puta (y mirá que hay narcos, mega-empresarios corruptos, políticos republicanos y un torturador que laburó para Pinochet). 3) De los tres personajes secundarios, uno sólo (Yelena Belova, la otra Black Widow) tiene un rol razonable dentro de la trama. Los otros dos (nada menos que Daredevil y Nick Fury) están más desubicados que chupete en el orto, totalmente a la deriva, sin afectar en lo más mínimo el desarrollo de la historia.
¿Hay algo rescatable? Sí, los diálogos son muy buenos. Incluso los personajes hablan mucho en castellano y no hay errores groseros de ortografía ni de gramática, de esos que abundan cuando los autores angloparlantes hacen hablar a sus personajes en nuestro idioma. El tinte político de la saga no está muy enfantizado, pero cuando Morgan va para ese lado, le salen escenas interesantes.
Y por supuesto, el dibujo. ¿Por qué no tiré esto a la mierda cuando lo terminé de leer? Por el dibujo. Acá lo tenemos al maestro Sean Phillips prendido fuego, con total libertad para irse al carajo en la puesta en página, meter splash pages, tres cuadros grandotes… nada que ver con esa cosa medio claustrofóbica, o de mecanismo de relojería que vimos en sus trabajos junto a Ed Brubaker. Y a modo de fatality, para terminar de detonarte las retinas, lo entinta otra deidad, Bill Sienkiewicz, también en estado salvaje, tirando magia y gozando del hecho de que la responsabilidad de llevar adelante el relato gráfico la tenga otro. Visualmente, esto es espectacular. Lástima el guión, tan generoso en falencias, torpezas traiciones a la esencia de los personajes.
Hacía mucho que no leía nada de Chelo Candia, fuera de alguna colaboración en alguna antología. Pero este año, el sello Maten al Mensajero sacó el libro de El Bar de la Mesa Tres y me dejé seducir por una portada muy loca y una consigna muy intrigante: existe un bar en cuya mesa tres te sentás, pedís lo que sea, y te lo sirven. Lo que sea: el amor, la paz, la felicidad, el nº1 de Action Comics en perfecto estado, macristas honestos… Hay algo extraño, sobrenatural en este bar y Candia te invita a descubrirlo en una historia repleta de sutilezas. No es realismo mágico: acá hay una explicación probablemente metafísica para todo lo que pasa. Hay que prestar atención a los detalles, a la forma muy gradual y bastante velada en la que Candia va mostrando el juego… hasta llegar al epílogo, donde el autor deja de lado las sutilezas y todo se hace más explícito.
Además de esa consigna hipnótica, El Bar de la Mesa Tres tiene otro gancho irresistible, que es la construcción de los personajes. Originalmente pensada como un radioteatro, es una obra muy, muy hablada, con páginas repletas de globos de diálogo. Candia aprovecha muy bien esta sobredosis de palabras para darle mucha profundidad a cada personaje, para definirlos de modo muy redondo, muy tridimensional. Y también los diálogos le sirven como vehículo para el humor, porque –si bien toca temas serios- El Bar de la Mesa Tres tiene un tono de comedia sumamente logrado.
Entre la maraña de globos de diálogo y en esas páginas que a veces llegan a acumular 10 viñetas, aparece el dibujo de Candia, prolijo, cuidado, con un buen manejo de las técnicas para sumarle grises al blanco y negro inicial. No es un dibujo que busca lucirse ni deslumbrar, sino que está todo el tiempo puesto en función del relato, y ese es un rubro en el que Chelo no defrauda nunca. No te quiero chamuyar: el guión no me maravilló tanto como el de El Bondi (aquella cuasi-obra maestra de Candia que vimos el 06/03/13), pero está realmente muy bien. Y el dibujo, muy por encima de lo que vimos aquella vez.
Volvemos pronto con nuevas reseñas.

lunes, 4 de diciembre de 2017

LUNES DE LUJO

Vamos con las reseñas de otras dos papongas que me liquidé entre el viernes y hoy.
Paco Roca es un hijo de puta. En general, todos los autores grossos tienen UNA obra definitiva, esa obra perfecta, por la que merecen ser recordados y ovacionados siempre. Paco tenía TRES (Arrugas, El Invierno del Dibujante y Los Surcos del Azar) y a fines de 2015 cantó “quiero vale cuatro” con La Casa, otra novela gráfica demasiado buena para ser real.
No me interesa ni siquiera dar pistas del argumento: sólo me interesa que la consigas y la leas. Te adelanto que NO es una autobiografía (aunque se nutre de situaciones reales vividas por el autor) y que NO tiene elementos fantásticos, ni persecuciones, ni machaca, ni sexo, ni explosiones, ni conflictos entre buenos y malos. En realidad no estoy dando mucha data, porque nada de todo eso suele aparecer en las obras de Paco Roca. Acá el autor parece estar tratando de averiguar hasta dónde se puede llegar con una historia sin conflictos, en la que básicamente no pasa nada (sólo el tiempo) y todo queda en personajes que dialogan entre sí. ¿Se puede crear desde ese lugar una historieta memorable? La Casa te saca las dudas en poquísimas páginas.
La clave, me parece, está en la acertadísima construcción de los personajes y en el cuidado por mantener un tono perfectamente realista, donde todo se vea y suene 100% verosímil. Una vez más, Roca nos cautiva con ese estilo de dibujo engañosamente simple, detrás del cual hay –evidentemente- un tipo que maneja la línea, la expresión de los cuerpos, los planos y los detalles más minúsculos con la precisión de un neurocirujano. La puesta en página es atípica, porque Paco elige para esta obra el formato apaisado, ese que a los argentinos nos encanta, a los franceses los irrita y a los españoles… no sé, me imagino que les debe parecer antiguo, porque no lo usan hace más de 50 años. Por supuesto que Roca aprovecha a pleno las posibilidades que le brinda el formato a la hora de planificar la página y armar las secuencias. El color también es bellísimo y no sé tú, pero yo… me encontré al final del libro con una cartulina firmada y numerada por el ídolo, que dice “457/500”, con una ilustración preciosa que –si me apurás- garpa más que la usaron para la portada. Gloria eterna a este hijo de puta que tanto bien le hace al Noveno Arte.
Me vengo a Argentina, a 2017, para internarme en la farragosa y farsesca ficción de Borges, Inspector de Aves, la creación del alucinante Lucas Nine. Esto es un thriller medio policial, medio de espionaje… y medio disparatado, si se me permite una tercera mitad, protagonizado por el Jorge Luis Borges de 1946, recién desplazado de su cargo en la Biblioteca Nacional por el gobierno peronista y degradado a “Inspector de Aves y Corrales”. Nine se agarra del cargo de “inspector” para vestir a Borges al estilo de los detectives clásicos del hard boiled norteamericano, pero lo hace moverse por afuera de la órbita de los gallineros y los corrales e interactuar con un fauna que tiene más que ver con la del Borges icónico: la de los escritores, poetas, pintores y demás exponentes de la intelectualidad porteña. Oliverio Girondo y Xul Solar tienen roles muy importantes, pero aparecen también Mujica Láinez, Bioy Casares y algunos más.
Las primeras… 50 páginas se me hicieron un poco lentas, un poco densas, pero después Nine le agarra el pulso al relato y empieza a narrar a un ritmo mucho más atrapante, sin descuidar el recurso más notable de la novela, que es superpoblar las viñetas con extensos bloques de texto narrados en primera persona por Borges y escritos en un estilo que emula con maestría a la prosa del genio máximo de nuestra literatura. Esto le agrega muchos minutos a la lectura del libro, por lo cual recomiendo no intentar bajarse toda la obra en una sola sentada. Mejor meterle tres o cuatro pausas, para que el efecto de los textos vuelva a sorprender.
Borges, Inspector de Aves es una aventura bizarra, en la que vemos al célebre escritor investigar un misterio, enamorarse de una mujer, cagarse a trompadas con villanos y sicarios, disfrazarse de pollo y hasta viajar en el 60. Nine narra todos estos extraños sucesos con una puesta en página sumamente clásica y sobria y un dibujo de base realista, pero de gran soltura, muy plástico, muy dinámico. Por momentos parece una mezcla entre el estilo de siempre de Lucas y el Viejo Breccia de Perramus, con esas manchas, esos collages, esa dimensión etérea del dibujo. Los fondos son mínimos y muchas veces Lucas los resuelve utilizando fotos retocadas, bien integradas al planteo gráfico de la obra. También descubrí sutiles homenajes a Alex Toth y Lino Palacio, que están buenísimos.
Si lo que más te gustaba de las otras obras de Lucas era esa sensación de estar viendo un dibujo animado, donde la historia casi se cuenta sola, impulsada por las pantomimas hiper-expresivas de los personajes, quizás Borges, Inspector de Aves no te termine de cerrar, porque acá el rol del texto es muchísimo más relevante y hay que prestarle mucha más atención. Por el contrario, si sos más partidario del comic de aventuras y nunca te habías acercado a Nine porque lo veías muy caricaturesco, o muy disparatado, esta es la obra con la que muy probablemente logres sintonizar la onda de este autor fundamental que tiene hoy la historieta argentina.
Ya estoy sumergido en la lectura de un par de libritos más, así que en cualquier momento vuelvo con más reseñas. Gracias y hasta entonces.

viernes, 1 de diciembre de 2017

VIERNES AL MEDIODIA

Tengo un ratito antes del almuerzo para reseñar un par de libros y bueno, vamos a tratar de aprovecharlo…
Le entré al segundo recopilatorio de la etapa de Daredevil capitaneada por Ed Brubaker y Michael Lark, un masacote de 304 páginas que incluye los nºs 94 al 105 de esa serie. Contra todos los pronósticos, me aburrí bastante. Me gustó, como siempre, el desarrollo de personajes que propone Brubaker, sus diálogos sumamente reales, su manejo de los climas sordidos y opresivos… pero la trama en sí, no me enganchó en lo más mínimo. El principal villano no me interesó en absoluto, me resultó menos carismático que Esteban Bullrich. Su plan estaba… bien, ponele, pero su motivación me pareció absurda. El ritmo es muy lento, se ve que Brubaker tenía ideas muy chiquitas para llenar una cantidad de páginas tan enorme. Todo ese tramo con el Gladiator, en el que los demás personajes debaten acerca de si se volvió loco, si alguien le dominó la mente, si es un asesino despiadado o un pobre pelotudo… avanza demasiado lento, se enreda demasiado. Después pasan cosas muy similares con Milla, la esposa de Matt, y uno dice “¿otra vez la misma discusión?”.
Lo cierto es que en este tomo Brubaker no parece agarrarle la mano a la serie, en la que había empezado muy bien. Para bajármela un poquito más, uno de los grandes inventos del guionista para este tramo de las aventuras de Daredevil es una chica que tiene el poder de ser irresistible para los hombres. Por supuesto que Brubaker no llega a desarrollar a Lily Lucca al mismo nivel que desarrollará a Josephine en Fatale, unos años más tarde. Pero sí, ambos personajes se apoyan en una idea muy similar.
¿Y el dibujo, qué onda? Medio bajonero, también, porque Lark se da cuenta de que para entregar todos los meses, puede dibujar sólo a los personajes. TODO lo demás son fotos retocadas: fondos, vehículos, objetos… Lark no te dibuja nada que exista en la realidad, o que se pueda encontrar buscando en Flickr. Por suerte entre estos episodios está el nº100, donde cuelan unas paginitas dibujantes invitados como los maestros John Romita Sr., Gene Colan, Bill Sienkiewicz o Lee Bermejo, que le ponen onda, frescura o clasicismo bien entendido a la faz gráfica de ese episodio puntual. El resto se empantana bastante por la obsesión de Lark con las fotos apenas retocadas. Queda un tomo más de este Daredevil sombrío y trágico, porque después viene la etapa de Andy Diggle, que –a juzgar por las críticas- no tiene sentido leer.
Me vuelvo a internar en el universo fantástico de los incansables Eduardo Mazzitelli y Quique Alcatena, para descubrir Panteras, un libro que recopila una saga larga y tres historias cortas, todas parte de la saga de Timbuba, el Mundo Perdido. De las historias cortas, hay una, El Rey Tuvo un Amigo, que no puede ser mejor, más impredecible, más conmovedora, más hermosa. Y las otras dos no están mal, pero no arriman a ese nivel de perfección.
Dicho esto, me concentro en las 70 páginas de Panteras, el arco principal. Esta es una clásica aventura de Mazzitelli y Alcatena, una trama en la que se entrecruzan el amor, el poder, el destino, en la que un personaje joven va creciendo hasta hacerse imposiblemente grosso, en la que surgen y caen imperios, reyes, sociedades secretas y demás runflas… Ya lo leímos muchas veces, pero funciona y funciona demasiado bien. Esta vez, Mazzitelli se guarda un as bajo la manga para jugarlo en la última mano, cuando se corre el último velo y Nabadru descubre la verdad acerca de su padre. Y otra novedad: la machaca no está tan des-enfatizada como en otras obras de la dupla y varias de las mejores páginas de Panteras se centran en violentos combates que por ahí no aportan demasiado al desarrollo de la trama, pero suman intensidad e impacto a una historia que podría haberse tornado un tanto lenta y protocolar. Los bloques de texto, como siempre, nos muestran a un Mazzitelli inspiradísimo, con un vuelo lírico y literario con el que la maorí de los guionistas de historietas no se atreven a soñar.
Vaya para el lado de la machaca o para el lado de la sutileza, Mazzitelli sabe que está siempre respaldado por el virtuosismo descomunal de Alcatena, que acá no desaprovecha la oportunidad de demostrar lo mucho que lo inspiran la cultura, las tradiciones y los misterios del África profunda. En la huella de su admirado Jesse Marsh, Quique le da vida a junglas, cuevas, aldeas y palacios y logra que su trazo siempre tan elegante, tan ornamental, incorpore esa dosis de salvajismo, de fuerza primal difícil de controlar que uno asocia con las selvas africanas. Bellísimo trabajo de Alcatena, que ojalá sea sólo el primero de muchos publicados por el sello Purple Books.
Buen finde para todos y volvemos pronto con más reseñas, que ya estamos ahí de clavar 100 posts en 2017.

miércoles, 29 de noviembre de 2017

MIERCOLES CON CALORCITO

Mientras la hinchada le da play una y otra vez al trailer de Infinity War (o al videito de la jura de Cristina en el Senado), yo me siento a escribir las reseñas de un par de libritos que ya tengo leídos.
Allá por 2000, después de varios años de trabajar en series regulares, el maestro David Lapham se decidió a probar suerte con una novela gráfica, un relato pensado desde cero con principio, desarrollo y final. El resultado fue Murder Me Dead, definido por el autor como “un relato desgarrador de amor y asesinatos”, 232 páginas en las que Lapham urde y resuelve una trama truculenta, llena de volantazos impredecibles, con personajes absolutamente tridimensionales y un clima de tensión de una densidad tan asfixiante como hipnótica.
Murder Me Dead tiene varios puntos altísimos, pero me parece que lo más logrado es el desarrollo de los dos personajes protagónicos, Steve y Tara, y el vínculo entre ellos, que a lo largo de la novela se tuerce, se contorsiona, se tensa y pega giros bizarrísimos. O no, quizás lo más destacable sea el manejo por parte de Lapham del tempo narrativo, la forma en que manipula el relato para generar climas que nos involucren en la historia, que nos pongan nerviosos, que nos hagan sufrir casi tanto como sufre el pobre Steve. Lapham trabaja con la página dividida en cuatro tiras, al estilo Hugo Pratt, y rompe ese esquema sólo en un par de momentos muy específicos, que son flashbacks a sucesos anteriores al punto en que decide iniciar el relato. Sobre esa base, emplea todo tipo de recursos (algunos claramente heredados del cine) para imponer el ritmo que él elige y para generar intriga o impacto, según lo que requiera la trama.
El dibujo nos muestra a un Lapham muy afianzado en su estilo, con un manejo sublime del blanco y negro. Mezclá a Steve Ditko con Alex Toth, agregale un toquecito de Charles Burns y por ahí va a aparecer la estética con la que Lapham dio cátedra durante años, tanto en esta obra como en Stray Bullets, el trabajo más conocido de su etapa indie. Si te atrae una historia de amor retorcida, perturbadora, con violencia, sangre, mala leche y personajes demasiado reales para ser de papel y tinta, matá a quien haga falta para conseguir Murder Me Dead.
Me vengo a Argentina para meterme (ahora sí) con una publicación de 2017. Tango Cruzado, escrito por Max Aguirre y dibujado por Sebastián Dufour, tiene una consigna tan ganchera que ofende: historias de tangueros con machaca y elementos sobrenaturales, en las que tienen roles muy destacados nada menos que Carlos Gardel y David Bowie. Chau, no me cuentes más. Tomá mi guita y dame el libro.
Aguirre te engancha rapidísimo con sus diálogos ingeniosos y afilados, con la forma en la que los elementos tangueros (tema en el que la manya lunga) se integran a la trama de suspenso y acción para potenciarla. Y cuando creés que más o menos pescás de qué va la cosa, te agrega los elementos fantásticos, que en realidad son un recurso para hablar de otra cosa, que es la construcción de los mitos. El Gardel de Tango Cruzado está en ese camino, en el de construirse a sí mismo como mito. Por eso (nos explica Estárdas) sobrevive a balazos y a episodios que a cualquier otro hombre le costarían la vida. Estárdas (fonéticamente cercano a Stardust y visualmente idéntico al Duque Blanco) ya pasó por ese trance, ya es un ser 100% sobrenatural, que toca el bandoneón para joder, para agregarle misterio a la noche tanguera de Buenos Aires o Montevideo. El resto de los personajes, oriundos de ambas orillas, no son meros testigos del periplo del Zorzal y las excentricidades de Estárdas, sino que están muy bien trabajados y resultan sumamente carismáticos. De hecho uno de los mejores momentos del libro llega cuando el foco del relato se desplaza hacia Yonli, el morocho blusero de New Orleans.
¿Qué le falta a Tango Cruzado para ser una obra maestra? En primer lugar, más páginas. Se me hizo muy corta. Después, decidirse de un modo más claro entre ser una novela gráfica o ser una sucesión de relatos episódicos hilvanados por una trama que avanza un poquito en cada uno. Pero el principal problema lo encontré en el dibujo. Sebastián Dufour es un ilustrador alucinante, con una destreza técnica digna de Carlos Nine y una audacia para resdiseñarlo todo digna del Viejo Breccia. Y sin embargo, para mi gusto, la magia que tira Dufour no contribuye al fluir del relato que propone Aguirre. Por el contrario, lo entorpece. Obliga al lector a invertir preciosos segundos en decodificar los dibujos (ah, ya sé: esto es un caballo, esa mancha es uno de los protagonistas y ese círculito blanco es la luna”) y lo desorienta, lo saca del eje de la narración, lo obliga aunque sea un instante a distanciarse de la trama para encontrarle sentido a los dibujos. Gráficamente, esto tiene una belleza y un vuelo increíbles… lástima que a nivel narrativo esa belleza y ese vuelo funcionen más como un obstáculo que como un complemento para el guión de Aguirre.
Hasta acá llegamos, por hoy. Estamos a sólo 10 entradas de lograr el objetivo de los 100 posts en 2017… y creo que vamos a llegar. La seguimos pronto!

lunes, 27 de noviembre de 2017

DOS GEMAS DEL HUMOR

Vamos con otras dos lecturas que me terminé durante el finde.
¡SPAM! es un tomito que recopila material realizado por el maestro Manel Fontdevila para la revista El Jueves, editado en 2007. Son básicamente “las sobras”, las cosas del glorioso autor que no entraron en los recopilatorios de sus series más conocidas (La Parejita y Para Ti, Que Eres Joven). Casi todo el libro está compuesto de breves “ensayos” en los que Fontedevila elige un tema y lo desarrolla con viñetas y textos, en una especie de update de lo que hacía Alfredo Grondona White en la revista Hum®, allá por los ´80 y ´90, y además hay algunas portadas ilustradas por el ídolo y varios chistes de una sóla viñeta.
Lo mejor, lejos, es la calidad del dibujo. Los chistes… algunos se entienden sólo en España, otros se entienden sólo en la coyuntura en la que fueron publicados y otros me hicieron reir tanto que si no hubiese abandonado hace años el stand-up comedy, me los estaría afanando sin compasión para incluirlos en algún monólogo. Porque como los grandes performers de stand-up, Fontdevila te acribilla con su sentido de la observación, con su capacidad de cuestionar desde el humor prácticas, costumbres y expresiones “del sentido común” que la mayoría de la gente acepta, o reproduce, o internaliza sin demasiada reflexión. Fontdevila destripa la cultura mediática, la truchada política, la pacatería chota de la Iglesia, las modas efímeras… y todo con altura, con la puteada puesta en el momento justo y (como ya dije) respaldado por una solvencia gráfica devastadora.
Y lo peor, el tamaño del librito. En lugar de darle a ¡SPAM! una edición como las que suelen recopilar los otros trabajos aparecidos en El Jueves, lo publicaron en un formato microscópico, de 14.5 x 20, y con mucho aire alrededor de los dibujos, que están impresos muy, muy chiquitos. Encima las páginas de Fontdevila en El Jueves suelen tener bastante texto, que en este tamaño resulta casi ilegible. Olvidate de leerlo en un bondi, o sin anteojos, si tenés alguna dificultad en la vista. Pero cuando te acostumbrás al formato, tenés un rato largo de diversión y reflexión garantizadas, de la mano de un gigante del comic humorístico.
Parece mentira, pero en unos días se cumplen dos años, medio mandato ya, del gobierno de derecha neoliberal más revanchista y más corrupto de la historia argentina. Una buena forma de conmemorar ese lamentable suceso en nuestra historia es clavarse el libro conocido como Alegría: Primer Anuario, que reúne chistes (y algunas historietas) subidos a Facebook entre Febrero de 2016 y Enero de 2017 por un colectivo de humoristas, dibujantes caricaturistas donde conviven genios indiscutidos de enorme experiencia con chicos y chicas que están dando sus primeros pasos en esto del humor político.
Por supuesto, la mirada que comparten todos estos autores es sumamente crítica para con el gobierno que encabeza Mauricio Macri (ícono de la corrupción a nivel global) y buena parte de los chistes apuntan al blindaje mediático, a satirizar a ese sector de la sociedad que eligió no ver la ineptitud, la crueldad, la falta de responsabilidad, de sensibilidad y de respeto con la que gobiernan estos cínicos hijos de puta. Lamentablemente, el libro padece uno de los problemas típicos del humor político: la cantidad de chistes anclados a una coyuntura a la que es imposible tener presente un año y pico después. Frases desafortunadas de algún ministro, algún diputado, algún pseudo-opositor o algún “periodista” cómplice que causan revuelo en las redes el día en que se producen, generan chistes que hoy causan mucha menos gracia que en su contexto original. Pero por suerte (o en realidad, por mala suerte) hay temas que conservan intacta su vigencia, como el endeudamiento, la fuga de divisas, el ya mencionado blindaje mediático o las prácticas filo-dictatoriales de figuras nefastas como Oscar Aguad o Patricia Bullrich.
También está bueno descubrir la faceta de “humoristas de una sola vñeta” de autores más asociados a la historieta, como Otto Zaiser, Ariel López V., Gastón Souto, el Polaco Scalerandi, o Marcos Vergara, y siempre es un placer encontrarse con bestias como Sergio Langer, Esteban Podetti, Leo Arias o Gustavo Sala en un ámbito de total libertad, donde pueden ejercer el humor sin filtros. De los que no conocía el que más me gustó fue Cape, un ilustrador prodigioso, con un sentido del humor afiladísimo.
Obviamente, si sos fan del endeudamiento, el deterioro del poder adquisitivo del salario, la represión salvaje, la timba financiera y la precarización laboral, difícilmente este libro te cause alguna gracia, ya que vas a ver a tus ídolos ridiculizados sin piedad. Aunque habiendo dibujantes tan buenos, es probable que incluso a los militantes del ajuste Alegría les genere alguno de los buenos momentos que este gobierno de mierda nos niega.
Vuelvo pronto con nuevas reseñas.

viernes, 24 de noviembre de 2017

DOS MINAS BRAVAS

Parece una joda, pero encontré otro libro editado en 2016 que no habia leído. No se termina mássss…
Evita Vol.1 es el primero de seis tomitos que narran en forma de historieta la vida de Eva Duarte de Perón, uno de los mitos argentinos que todavía no habíamos visitado en el blog. La publicación está gestada desde la Asociación Museo Evita y cuenta con guión de F.G. Aleman y dibujos de Juan Pablo Valdecantos, dos autores a los que nunca había oído nombrar.
La historieta está muy bien, es dinámica, el dibujo tiene momentos realmente grossos, la documentación histórica está muy bien, la narrativa está muy cuidada y los textos brindan mucha información sin aburrir ni predicar. ¿Cuál es el problema, entonces? La extensión. Esta entrega tiene 41 páginas de historieta, y suponiendo que las cinco restantes (cuya existencia no me consta) mantengan esa misma extensión, F.G. Aleman podrá darse el lujo de narrar los 33 años de Evita en 205 páginas, lo cual es un montón. Entonces elige un ritmo descomprimido, que contribuye a la fluidez de la lectura y al lucimiento de Valdecantos, pero que implica contar muy poco en cada página. Y eso lo obliga a sintetizar mucho, a elegir con mucha cautela qué escenas de los primeros años de la vida de Eva nos va a mostrar, porque para cuando llegue la página 41, la protagonista tiene que quedar por primera vez cara a cara con Juan Domingo Perón, para clavar el cliffhanger e invitarnos a volver. Claramente, la historia de Evita se pone picante en ese segundo tramo, que espero conseguir a la brevedad (si es que está editado).
No es que no me guste la Vida de Eva Perón que realizaron Héctor Oesterheld y Alberto Breccia en los ´60, pero la verdad es que la relevancia del personaje justificaba una biografía en historieta más actual, más sintonizada con la forma de leer comics del público de hoy. Por ahora esta versión funciona, y me imagino que puede llegar a aspirar a la chapa de obra importante el día que terminen de editarse los seis episodios que la componen.
Vamos con otra mina pulentosa, She-Hulk, que tuvo un relanzamiento en 2014 a cargo de un equipo creativo muy interesante. Como guionista, Charles Soule, un tipo que además de escribir comics, es abogado, como Jennifer Walters. Y como dibujante, Javier Pulido, un español brillante, originalísimo, que aunque quisiera plegarse al “más de lo mismo” no podría. Es muy grosso ver cómo años y años de laburo para el mainstream de EEUU no han logrado estandarizar ni restarle vuelo o identidad gráfica a este distinto, a este verdadero dotado para el dibujo y la narrativa, que se mantiene ahí, único e inimitable. Los dos números que no dibuja Pulido van a manos de Ronald Wimberly (a quien ya vimos entrar de suplente en alguna otra serie), también muy interesante, con un trazo pleno de riesgo y personalidad, que estalla especialmente en el último episodio, cuando lo dejan colorearse a sí mismo.
Los guiones de Soule se vuelcan acertadamente a la comedia y –si bien no descuidan la machaca- se nutren principalmente de la actividad de Jen como abogada y de su relación con los personajes secundarios que van poblando la serie. Entre ellos, un aporte de Soule muy atractivo, como es la asombrosa Angie Huang, que seguramente esconde secretos que el guionista revelará en el segundo tomo de la serie (prometo leerlo en 2018). A la hora de reclutar para su elenco a personajes ya existentes, Soule no hace la obvia y trae a tercerones largamente relegados al freezer, como Kristoff, Nightwatch, Shocker, Tigra y sobre todo a Hellcat que (en aquellos tiempos pre-serie de Netflix de Jessica Jones) tenía tantas chances de encabezar una colección propia como Tristán Suárez de darle baile al Real Madrid en la final del Mundial de Clubes.
Esta versión de She-Hulk no me cambió la vida, no me hizo reir a carcajadas ni vibrar de emoción, pero la pasé bien y me encantaron los dibujos. Así que la banco. Además creo que son sólo dos TPBs.
Estamos a sólo 12 posts de llegar a las 100 entradas en 2017. ¿Llegaremos? No está fácil, pero me tengo fe. Lunes o martes, vuelvo con reseñas de los brolis que me baje durante el viaje a Santa Teresita. Hasta entonces.

martes, 21 de noviembre de 2017

OTRAS TRES CORTITAS

Luego de un finde largo de alta intensidad, vuelvo a encontrar un ratito para sentarme a escribir reseñas. En el pilón de libros editados en Argentina en 2017, aparecieron otros dos de 2016, que se me habían mezclado meses atrás. Empiezo por ahí.
Zacarías (y otras porquerías) es el primer tomito recopilatorio de la notable tira cómica de Alejandro Farías y Leo Sandler, que se publica hace mucho tiempo en varios medios (estuvo algunos años en el sitio web de Comiqueando). Zacarías tiene un punto de partida similar al de Toy Story, ya que Farías y Sandler nos cuentan la vida de un grupo de juguetes que interactúan entre sí, charlan y se divierten, y no dejan de lado el hecho de que estos juguetes son propiedad de distintos chicos, que cada tanto también aparecen en las tiras.
Las similaridades se terminan ahí. Acá no hay aventuras en las que los juguetes están todo el tiempo a punto de morir, o de ser vendidos a coleccionistas avechuchescos, sino que todo pasa por el humor, entendido en un sentido saludablemente amplio. La tira ofrece muchos chistes basados en juegos de palabras, pero también humor físico, humor absurdo y hasta chistes pensados para un público que ya hace varios años que dejó los Playmobil y los ositos de peluche. Y casi siempre es un humor eficaz, que da en el blanco y logra arrancarnos una sonrisa.
El dibujo de Sandler también nos muestra a un artista versátil, que se anima a alejarse de lo que mostró en trabajos anteriores. Sandler elige dibujar fondos sólo cuando aparecen los chicos, y emplea una gran variedad de técnicas, que incluyen fotos, dibujos tridimensionales, garabatos que parecen hechos por un nene de 7 años, etc. Pero lo más lindo llega cuando nos regala esa línea clara, suelta, amistosa, con mucha gracia, engañosamente simple, y la pone a jugar en tiras donde el timing de la comedia está invariablemente bien logrado. Lindísimo material.
Caronte es una historia de 34 páginas (formato complicado si los hay) con la que el sello Salamanca armó un librito que se lee muy rápido. La idea que se le ocurrió a Valentín Lerena para esta historieta es muy buena y la línea que baja está genial. El tema es que se podría haber contado lo mismo en muchas menos páginas (16, ponele) y el mensaje se habría transmitido con mayor efectividad. Incluso convertida en una historia de 16 páginas se podría haber incluído en una antología, en vez de editarla así, solita, en un librito tan finito y tan efímero… pero bueno, son decisiones… y aún así el resultado es muy interesante.
Termino con el Vol.41 de Super López, publicado en 2003 y titulado “El patio de tu casa es particular”. Acá el maestro Jan orquesta una disparatada comedia de enredos en base a “pliegues temporales” que conectan a una casa (convertida en guarida de dos de los villanos habituales de la serie) con distintas épocas de la historia española. A lo largo de 46 páginas, los personajes se desplazan en el tiempo casi sin desplazarse en el espacio, a medida que los pliegues los hacen materializarse en otros períodos históricos, por supuesto en tiempo y forma para verse involucrados en situaciones cómicas… o en situaciones trágicas tomadas para la joda por Jan. De las Cruzadas a la Guerra Civil, no hay época de la historia española que no le sirva al autor para abastecerse de recursos humorísticos y hacer que esta historia resulte impredecible y sumamente disfrutable.
De la calidad del dibujo ni tiene sentido hablar, así que me quedo con un último detalle, bastante actual a pesar de que el comic tiene casi 15 años: la reivindicación constante que manda Jan (con distintos grados de sutileza) de la identidad irreductible de la nación catalana. El creador de Super López milita desde siempre por la independencia de Cataluña y en esta historia, supuestamente cómica y supuestamente apuntada al público infanto-juvenil, algo de esa militancia se deja entrever entre las jocosas peripecias de este atípico superhéroe.
Nos reencontramos pronto con nuevas reseñas. Si este finde estás en el Partido de La Costa, acercate a Santa Teresita, donde voy a estar junto a muchos autores grossísimos en La Costa Comic Con. ¡Nos vemos!

jueves, 16 de noviembre de 2017

ESSENTIAL UNCANNY X-MEN Vol.1

Había leído estas historias hace muchos, muchos años y las recordaba un poco peores de lo que las encontré esta vez. Por ahí porque las leí en paralelo con la mejor época, la de Chris Claremont pre-Inferno… Lo cierto es que esta vez me enganché un poco más con estas primeras historias de los X-Men originales.
Stan Lee tarda dos o tres números en encontrarle una voz a cada personaje. O sea que si lo que te atrae es la caracterización, hay que tener paciencia, pero no tanta. Las historias en sí… ninguna es demasiado brillante. En general, los finales son un poco precipitados, casi no hay ni tres viñetas entre que derrotan al villano y aparece el cartelito de “the end”. Poco a poco, Lee empieza a darle más aire a las historias, a animarse a contar cosas en dos o en tres números de la revista… lo cual era medio arriesgado, porque como vendía poco, X-Men era bimestral. No es que las tramas mejoren mucho al darles más páginas, pero por lo menos hay más variantes, menos acelerada al palo cuando se viene la página 22.
Los últimos números de este Essential ya tienen a Roy Thomas al frente de los guiones, y el único cambio notorio pasa por recurrir constantemente a villanos ya creados previamente, en esta serie o en otras. Está claro que a Thomas no le interesaba tanto deslumbrarnos con nuevas creaciones, sino darle cohesión y fuerza a la miríada de ideas que había despilfarrado su maestro a lo largo de los primeros años de vida de este universo en infinita expansión.
En este primer tramo de la serie vemos la primera aparición de Ka-Zar y la Savage Land, el debut (como villanos) nada menos que de Scarlet Witch y Quicksilver, combates con Namor (que en esta época era más veleta que Bullrich, Stolbizer y Carrió), los Avengers, los Sentinels… Esta es la etapa de construcción del Universo Marvel y, si bien Uncanny X-Men era justamente considerado un título menor (apenas por encima de Sgt. Fury and his Howling Commandos), no se puede negar que hizo su aporte al armado, al andamiaje (con perdón de la palabra) de la mitología marveliana.
También está bueno descubrir cómo Stan Lee plantea desde muy temprano temas que van a ser centrales para el concepto de los X-Men durante décadas: la escuela, el odio y la desconfianza que los homo superior despiertan en los homo sapien, la grieta ideológica entre Charles Xavier y Magneto, la búsqueda permanente de nuevos mutantes a los que reclutar para el lado de “los buenos”, el entrenamiento constante en el uso de los poderes… Todo eso está presente acá, en las primeras historias.
El dibujo arranca errático, con el glorioso Jack Kirby entintado (y estropeado) por Paul Reinman, que tenía el pecho más frío que Bobby Drake. Para el sexto episodio llega como entintador Chic Stone y el dibujo repunta grosso. Este Essential tiene el acierto de agregarle grises a todos los episodios de Kirby, que a veces cuando se los “traduce” a blanco y negro se ven un poco chatos. Kirby deja de dibujar tras el nº11 y se queda hasta nº17 aportando bocetos, para que dibujen otros. En el nº12 el elegido para trabajar sobre los layouts del Rey no es otro que el genial Alex Toth, pero lamentablemente lo entinta Vince Colletta y (fiel a su estilo) lo hace mierda. Quedan, por debajo de ese entintado espantoso, las imbatibles composiciones de Toth.
Después llega Werner Roth (quien firmaba como “Jay Gavin”), un dibujante aburrido, sin onda y con escaso talento, que venía de dibujar historietas románticas y que -por algún motivo que desconozco- quedará durante muchos años como titular en esta serie. Una vez que Roth se larga a dibujar solo, sin los bocetos de Kirby, se notan mucho más sus limitaciones para dibujar escenas de acción y darle a las historias esa sensación de drama intenso y grandilocuente que tan bien manejaba el Rey. Encima lo entinta Dick Ayers, un maestro del pincel al que nunca le coparon mucho los superhéroes. O sea que, a nivel visual, son pocos los episodios que revisten algún interés, pero bueno… es Jack Kirby en su época más fértil. Vale la pena fumarse a Werner Roth para descubrir o redescubrir esas páginas.
Nunca me compré los otros dos Essentials de esta serie (rápidamente retitulada “Classic X-Men”) porque las historias del segundo tomo (X-Men nºs 25-53) están casi todas dibujadas por Roth. Hay que juntar mucho aguante para clavarse 640 páginas de eso. Pero algún día les entraré, como para llegar al Vol.3, que tiene los números de Neal Adams y alguna paponga más. Por ahora, cuelgo acá a los X-Men originales y en algún momento de 2018 arranco a leer desde el Giant-Size de 1975, que ya me completé los ocho Essentials que cubren TODO hasta el final de Inferno.
Y obviamente, ni bien tenga un par de libritos leídos, vuelvo con más reseñas. Excelsior!

miércoles, 15 de noviembre de 2017

JUSTICE LEAGUE

Bueno, ya puedo hacer pública mi opinión acerca de Justice League, el largometraje dirigido por Zack Snyder, al que algún día sabremos qué tanta mano le metió Joss Whedon. Hay quien dice que rodó un 15%, otros le asignan un 20%... no importa. En los papeles, es un film de Zack Snyder y así lo vamos a considerar.
Lo más destacable de Justice League es que Snyder supo escuchar. No fuimos pocos los fans que salimos conmovidos del cine luego de esos 35 minutos finales de Batman vs. Superman, donde realmente cobra vuelo (y sentido) una película que hasta ese momento era una montaña rusa del horror. Acá se nota la clara intención de que TODA la película, los 120 minutos enteros, transmitan más o menos lo mismo que transmitió ese tramo final de BvsS. Ese acierto de Snyder y sus guionistas (el propio Whedon y Chris Terrio) no sólo sirve para que Justice League resulte una experiencia más que disfrutable, sino además para terminar de refrendar lo que muchos (en el furor de las puteadas) no registraron: BvsS era una película “de transición”, “del medio”, el puente entre Man of Steel y Justice League.
Sin contar mucho del argumento, me llamó la atención su simplicidad, su falta de complejidad y de pretensiones. Son dos horas, macho. Hay tiempo para contar UNA historia y a eso se dedica Snyder. No esperes un desarrollo de subplots (BvsS tenía varios y así le fue), no esperes un gran sembradío de puntas para explorar en futuras películas… Acá lo que hay es la presentación de tres personajes nuevos, la exploración bastante superficial de algunas de las consecuencias de BvsS y la misión principal, que es impedir que el villano de turno haga mierda todo. ¿Está bueno el villano? Sí, no está muy trabajado, no tiene mucho espesor dramático, pero es imponente, tiene un plan zarpado y un nivel de poder como para que le hagan el aguante entre cinco superhéroes. ¿Es aceptable la forma en que vuelve Superman? La verdad que sí, mejor de lo que yo esperaba.
¿Hay chistes, o de nuevo estamos ante una peli sombría, solemne y depresiva? Hay chistes, no muchos, pero los justos. La dinámica del grupo está bien trabajada, todos tienen sus diálogos ingeniosos y en el reparto de rasgos de personalidad, a los tres nuevos les fue bastante bien. A Flash le tocó ser el nerd que se emociona al conocer a los otros héroes y mete los mejores chistes (nada que ver con el Barry Allen que conocemos de los comics, pero ese Barry jamás tuvo ni la menor onda). Aquaman es el bardero al que le gusta la machaca, no se copa mucho obedeciendo órdenes y no tiene reparos en cortarse solo, una especie de Wolverine de Chris Claremont pero más jovial. Y a Cyborg le toca (fiel a la tradición de Marv Wolfman y George Pérez) ser el amargo, el héroe trágico, el que sufre por su condición de post-humano y que de a poco va a entender que ser un freak no está tan mal.
Los actores están muy bien, los personajes secundarios (Alfred, Mera, Gordon, Hippolyta, Ma Kent) hacen buenos aportes y sí, lamentablemente hay que volver a padecer varias escenas protagonizadas por la infumable Lois Lane. Por suerte están ampliamente compensadas por un montón de momentos épicos, de machaca a todo o nada, a un nivel muy, muy impactante. La música no tiene hitazos del rock & pop como los que meten en las pelis de Marvel, pero está muy bien. Y los efectos especiales, trajes, armas y decorados, una maravilla.
Repito: no le pidas mucho más que una aventura repleta de acción y combates a puro power. Ahora, si eso es lo que te emociona de una peli de superhéroes, preparate para gozar a lo pavote. ¿Hay easter eggs, sutiles referencias a otros personajes del DCU que hay que descubrir prestando mucha atención? Creo que no, pero cuando se pudre todo, tenemos cielos rojos (¡como en Crisis!), en las secuencias post-créditos se suma un villano al que hasta ahora no habíamos visto y en el mejor flashback de la peli aparece un… nah, no te lo puedo contar. La aparición de Darkseid, te la debo. Evidentemente lo van a guardar para muuuucho más adelante y si se siente su presencia, se sentirá como la famosa “mano negra” detrás de los villanos que sí aparecen y ponen la cara.
En síntesis, gran película de machaca y emociones fuertes. Sencilla, casi obvia, pero sin esos “momentos Martha” en los que querés tirar una bomba atómica en Hollywood para garantizar el exterminio definitivo de los guionistas responsables de ese tipo de atrocidades argumentales. Podemos afirmar que, con Wonder Woman y Justice League, finalmente las pelis de DC encontraron en 2017 un camino que se aleja de la senda del Batman jodido de Christopher Nolan y parecen dirigirse hacia la consolidación de una fórmula nueva y atractiva. Y ahora que uno ya no va a ver pelis de DC esperando las peores abominaciones del universo, la expectativa subió y si las próximas son chotas, las críticas volverán a ser lapidarias. Es la hora de bancar trapos importantes.

martes, 14 de noviembre de 2017

DISTINTA

Hoy a la mañana fui a ver la peli de la Justice League, pero nos pidieron que no posteáramos comentarios hasta las 0:00 hs de mañana. Por suerte tengo lecturas que se me acumularon durante el viaje a San Luis, y en este caso son dos libros largos, que ameritan una reseña entera para cada uno, al estilo de lo que hacíamos acá en el blog entre 2010 y 2015. Así que si encuentro el tiempo para escribir las reseñas, mañana se viene post de la peli y el jueves uno dedicado a otro libro que me devoré en el viaje.
Como todos los libros que pretenden dar un pantallazo más o menos global acerca de una época o una corriente dentro del universo del comic, DisTinta (la antología compilada por Liniers y Martín Pérez) abre las puertas al debate de nunca acabar, al incluir a ciertos autores y no a otros. ¿Estos son los mejores? ¿Los más representativos? ¿Los que están pegando más fuerte? ¿Los que con menos vergüenza le podemos mostrar al público que habitualmente no lee historieta argentina? No parece haber una única respuesta ni un único criterio y eso abre esa fisura (que tranquilamente se podría convertir en grieta) a la hora de discutir inclusiones y omisiones. No es ese el objetivo de este post, sin embargo. La idea es repasar el material elegido y opinar brevemente acerca de su calidad.
Arrancamos con Max Aguirre, con seis paginitas que cuentan poco pero lo cuentan bien, y donde vemos al ídolo probar con técnicas que no son en lo más mínimo habituales en su obra. Clara Lagos aporta 10 tiras cómicas de corte costumbrista no muy cómicas, pero entretenidas y con un dibujo al que el color levanta muchísimo. Juan Sáenz Valiente nos trae la adaptación al comic de uno de los mejores cuentos de Hernán Casciari, sin dudas uno de los puntos más altos del libro. Lo de María Luque no lo pude leer porque el dibujo me produce rechazo, no lo puedo digerir. Me parece bárbaro que exista y tenga muchos fans, pero para mí es anatema. Lo de Kioskerman es interesante, cortito, sugestivo, bien dibujado… copado. Frank Vega se va al carajo y más allá con una historieta de 12 páginas que roza (varias veces) la genialidad. Fer Calvi nos trae una nueva “aventura” de Altavista, en ese registro medio etéreo, medio poético que tan bien maneja. Hablando de poesía, Sole Otero agarra para ese lado y logra darle a un típico relato autobiográfico un vuelo realmente alucinante. Gran trabajo. Fran López pergeña una historia mucho más prosaica, sin virtuosismo en el dibujo, pero eficaz en la narrativa y con una trama cuyo interés jamás decae, en parte gracias al alto nivel de los diálogos. Brian Jánchez también juega a condimentar un relato autobiográfico con “algo más” y le sale muy bien. Me encantó verlo trabajar a color. Las 12 páginas de Ariel López V. entran holgadamente al podio de lo mejor de DisTinta. ´Nuff said.
Ezequiel García narra una historia muy extraña, de tinte surrealista, con un dibujo muy logrado, realmente hipnótico. Ernán Cirianni aporta la cuota de comedia pasada de rosca, con situaciones y diálogos zarpados, como uno espera en una historieta suya. En apenas 7 páginas, Fede Pazos cuenta una historia brillante, un guión digno del Negro Fontanarrosa, dibujado como los dioses. Pablo Túnica aporta dos breves episodios de Paraná ya publicados en Fierro, uno de los cuales (el de la sirena rosarina) tiene un guión precioso, a la altura de la magia visual de este artista. La de Lucas Nine… me costó terminarla. La idea está muy bien y el dibujo es hermoso, pero el desarrollo se me hizo muy largo. Gastón Souto también nos refrita una historia que hizo para Fierro, en la que su dibujo se luce poco, pero nos cautiva y nos hace cagar de risa con los diálogos. Lo de Salvador Sanz es bochornoso: por CUARTA vez nos ofrece las once primeras páginas de El Esqueleto. Too much. La dupla-furor integrada por Diego Agrimbau y Lucas Varela aporta una bizarra y alucinante adaptación de un cuento de Julio Cortázar, convertido en una orgía visual. Otra gran dupla, la de Rodolfo Santullo y Marcos Vergara, nos trae un breve episodio de Animales, su trabajo más actual, donde lo más sorprendente es la evolución de Vergara en el manejo del color. Y no podía faltar la dupla Federico Reggiani-Angel Mosquito, que aportan el primer episodio del segundo arco de Vitamina Potencia, que arranca muy, muy arriba.
Delius dibuja muy bien, en un estilo que a mí mucho no me copa. La historia que cuenta tiene muchos altibajos, no me terminó de enganchar. Jorge González mandó un fragmento de Fueye… dejame de joder. Si no tienen material inédito o poco conocido, no participen, muchachos. Buenísimo lo de Marianoenelmundo, que es un fragmento de una obra larga, pero así, como extracto, tiene muchísimo sentido (y un dibujo exquisito). Decur, otro grosso que en vez de laburar mandó ilustraciones (sí, ilustraciones, en un libro de historieta). Inentendible. Gato Fernández se mete con un tema áspero, en una historieta impactante, bien contada, a la que no le puso todas las pilas en el dibujo. El imbatible Agrimbau vuelve a la carga ahora en team-up con Dante Ginevra y nos clavan un golpe al corazón, una historieta fuerte y emotiva, dibujada en un gran nivel. Me gustó también la de Camila Torre Notari, la de Pablo Vigo (más el dibujo que el guión), interesante y bastante extraña la de Daniela Kantor (con guión de Arekasadaro), como siempre me cagué de risa con lo de Gustavo Sala, me encantó la bajada de línea -con mala leche y magníficos dibujos- del Polaco Scalerandi y me sorprendió la calidad del guión en la de Ayar Blasco.
Perdón por la extensión del texto y sí, a pesar de ciertas omisiones inexplicables, banco a DisTinta, porque casi todo lo que entró en el libro tiene un nivel muy notable. Será hasta mañana.

miércoles, 8 de noviembre de 2017

VUELVO A LA RUTA

Después de un mes y moneditas en Buenos Aires, mañana me toca viajar a San Luis, a participar de la maravillosa San Luis Comic Con. Entre una cosa y otra, estaré posteando nuevamente en el blog el martes 14… que es el día de la función de prensa de la peli de Justice League, así que puede haber reseñas de comics o de dicho largometraje. Ya veremos. Por ahora, tengo esto para reseñar.
Llegamos al anteúltimo tomo de Bakuman, y pasó lo que inevitablemente iba a pasar: Tsugumi Ohba y Takeshi Obata se acordaron del subplot más pedorro de esta magnífica serie y, en la segunda mitad de este tomo, lo empezaron a desarrollar hasta convertirlo en el centro de la trama. Me refiero a la promesa del capo de Mashiro y la boluda de Azuki, algo tan ridículo, tan caprichoso, tan ilógico, que los propios autores no ocultan en lo más mínimo que se trata de un despropósito. Alcanza con ver la (impagable) expresión que Obata le dibuja al rostro de Hattori cuando se entera de esta situación. Es la cara que cualquier adulto sensato pondría ante una decisión tan pueril como la que tomaron años atrás Mashiro y Azuki.
Por suerte la primera mitad del tomo conserva el nivel de excelencia habitual y nos empieza a tirar data valiosísima acerca de cómo se negocian los derechos para adaptar al animé los mangas más populares de los semanarios onda Shonen Jump. Y a lo largo de todo el tomo podemos disfrutar (como siempre) de unos diálogos formidables y del maravilloso dibujo de Obata, cada vez más plástico, más expresivo, más pensado para transmitirnos las distintas emociones que viven los protagonistas a lo largo de la historia.
Se viene el final, parece mentira… pero nos quedan tantas emociones, tantos momentos alucinantes, tantos mimos a nuestros ojos y nuestros corazones que es obvio que Bakuman no se va a terminar NUNCA. Ponga huevo, Ivrea, a ver si sale el Vol.20 antes de fin de año…
Acá tengo otra publicación argentina que para mí era de 2017, pero tiene fecha de catalogación en 2016. Family Curse es una antología de relatos fantásticos, algunos escritos por Ziul Mitomante y otros por Nicolás “el Negro” Viglietti. Cada uno aporta tres historias, hilvanadas por una secuencia en la que distintos personajes se narran entre sí estos relatos. No entendí si estos personajes son una referencia a otros, o qué son, pero me divertí con los diálogos y no me convencieron los dibujos, obra de Kundo Kunch.
De las seis historias cortas, las que más me gustaron, las que más me sorprendieron, las que más se apartan de la maraña de clichés típicos de las historias de misterio sobrenatural que leímos chotocientas veces, son Hongos de An-Nasirah (guión de Mitomante, dibujos de un inspiradísimo Facundo Belgradi) y Tío Dan (gran guión de Viglietti, dibujazos de Hernán González).
El resto, o flaquea en los guiones, o sufre de la impericia de los dibujantes. Lo único que es realmente excelente a lo largo de todo el libro son los diálogos. Se ve que ahí está el fuerte de Viglietti y Mitomante. Y bueno, obviamente no hace falta que subraye el notable trabajo de Maan House en la portada, no? Es apenas un golazo más en la carrera de un ilustrador definitivamente tocado por la varita mágica. Me quedo con esa imagen, con esa doble página de la orgía dibujada por Belgradi, con esos primeros planos repulsivos de González y con algunas cosas de las que ensaya Joel Saavedra, muy influenciado por Sean Murphy, pero en el camino correcto.
El martes, entonces, es muy probable que haya nuevo post. Y si estás en San Luis, nos vemos este finde.

lunes, 6 de noviembre de 2017

NOCHE DE LUNES

Bueno, ya tengo un par de libritos más leídos, así que vamos con nuevas reseñas.
House of Hem no es una parodia de la famosa saga de Marvel, sino un recopilatorio de varias historietas (claramente en joda) realizadas por el maestro Fred Hembeck en los ´80 y ´90. Ah, y una de 10 páginas de Spider-Man realizada en este siglo que sólo había aparecido en soporte digital. La de Spider-Man, la de Hulk y las que Hembeck hizo para la revista Marvel Age están bien, pero en este recopilatorio funcionan como relleno, como complemento a dos historias largas que en su momento se editaron como one-shots.
Fred Hembeck Destroys the Marvel Universe (de 1989) es una historia larga en la que el ídolo nos muestra cómo un avatar de la muerte hace boleta a todos los personajes de Marvel de esa época, desde ignotos justicieros como Texas Twister y Blue Shield a los héroes más taquilleros de aquel entonces, que eran Spider-Man, Wolverine y Punisher. Las situaciones se resuelven por la via del humor físico, o del humor verbal, casi siempre de modo original y efectivo. Y para el final, Hembeck pega un salto metatextual y cierra el one-shot con un paso de comedia entre él mismo y Stan Lee, otro habitante del mundo real frecuentemente convertido en personaje de historietas.
Pero la papa más fina es, sin dudas, el one-shot Fantastic Four Roast (de 1982), una historieta escrita y bocetada por Hembeck, pero dibujada por una plétora de artistas de los que trabajaban en esa época en Marvel. Todos los héroes se reúnen para celebrar los 20 años del primer grupo de la editorial, y además de chistes muy graciosos acerca de Ben, Reed, Johnny y Sue, está el increíble atractivo de descubrir que cuando aparece Daredevil lo dibuja Frank Miller, cuando aparece Dr. Strange lo dibuja Marshall Rogers, a Power Man y Iron Fist los dibuja Kerry Gammil, obviamente hay muchas viñetas en las que los FF y sus enemigos aparecen dibujados por John Byrne, y colaboran también Mike Zeck, John y Sal Buscema, Bill Sienkiewicz, Joe Sinnott, Walt Simonson, Michael Golden y varios más. Hacía muchos años que este one-shot era difícil de encontrar, así que fue una reedición más que bienvenida para los fans de Hembeck, de los Fantastic Four, o de la Segunda Era Dorada de Marvel (1980-85) capitaneada por Jim Shooter, quien supervisó muy de cerca la realización de este especial.
A nivel dibujo, está buenísimo ver cómo Hembeck mejora notablemente con el correr de los años. Sin dudas la historieta más reciente (la de Spider-Man) es la que muestra un mejor nivel en el dibujo y sobre todo en la puesta en página y el armado de las secuencias. Si -como yo- seguís a Hembeck desde los ´80, no te podés privar del lujo de sumar House of Hem a tu biblioteca.
En pilón de libros argentinos editados en 2017 se filtró uno que apareció en Diciembre de 2016… puede fallar. Se trata de una breve novela gráfica (36 páginas) en la que Valentín Lerena y Roberto Fontana adaptan un relato de Liliana Bodoc titulado El Cuarto Hijo, un fragmento del libro Oficio de Búhos, que forma parte de la famosa Saga de los Confines.
Lo bueno: el relato de Bodoc le provee a Lerena un elenco poblado de por lo menos dos personajes interesantísimos, y de situaciones jodidas, extremas de verdad. Fontana capta muy bien el clima sórdido de la trama y ofrece páginas muy bien dibujadas, con un ritmo que muchas veces las adaptaciones de obras literarias no tienen, porque quedan prisioneras de los textos de los que parten. Esto, en cambio, es historieta en estado puro, y si no te aclaran que la trama está tomada de un cuento, jamás te lo imaginás.
Lo malo: los yeites que Fontana “toma prestados” de Enrique Breccia a veces exceden el ámbito de la influencia y se acercan peligrosamente al latrocinio. Y lo más choto: no sólo la adaptación de El Cuarto Hijo es muy corta… además termina abruptamente, en un momento recontra-crucial para el desarrollo de la trama. Me imagino que eso no será un capricho de Lerena y Fontana, sino que la autora del cuento también decidió terminarlo ahí… pero –la puta que los parió a todos- hay que ser muy garca para poner el “fin” justo ahí, en la escena más fuerte del relato. En definitiva, entre el final que parece más un coitus interruptus que un final y las escasas 36 páginas de historieta, el librito me dejó gusto a poco. Lo recomiendo sólo a los completistas de Lerena y Fontana, o a los talibanes de Liliana Bodoc que quieran tener TODO lo relacionado con la Saga de los Confines.
El jueves a la noche me estoy yendo a San Luis, pero no está descartado que antes de eso clave otro posts con nuevas reseñas. Gracias y hasta pronto.

sábado, 4 de noviembre de 2017

HOY, DOS CORTITAS


Para hoy tengo leídos dos libritos, pero las reseñas van a ser más cortas de lo habitual.
El primer libro es el Vol.2 de Los Frustrados, de Claire Bretécher, editado en España por Grijalbo. Allá por el 15/04/13, cuando reseñé una edición yanki de esta obra, yo creía boludamente que no había edición española, pero sí hay. De hecho acá la tengo.
Rectificada esa burrada, no tengo mucho para agregar respecto de este material por encima de lo ya comentado en esa reseña del 2013. Este álbum también arranca con una historia “extensa” (siete páginas) para después centrarse en historietas de una o dos páginas. En la segunda mitad del álbum aparecerá otra historia “larga” (12 páginas), con menos viñetas por página y menos texto que las otras, donde el dibujo de Bretécher se luce mucho más. Las temáticas de las historias son las mismas que ya vimos, la forma de abordarlas también, la calidad del dibujo no varía en absoluto (o sea, es sublime)… y la única diferencia pasa por la traducción, en este caso a cargo del maestro Víctor Mora (quien también traducía Astérix y Lucky Luke para el sello Grijalbo). Y por supuesto está muy bien, poblada de los localismos y modismos que usaba la clase media urbana española a principios de los ´80 y que seguro que Bretécher había empleado en los diálogos de la versión original.
Conseguí este tomito medio de pedo en España, pero un amigo me pasa el dato de que los vio en librerías de saldos de la calle Corrientes, acá en Buenos Aires. Gran oportunidad para capturar los tomos que aún me faltan de este inmenso clásico de la historieta satírico-costumbrista mundial.
Y de un comic francés publicado en España, salto a un comic español publicado en Argentina. Daily Life of Séfora es obra del catalán A.C. Puig, y apareció este año en nuestro país, de la mano del sello Módena. Como es normal en las publicaciones de este sello, la estética de Séfora se asemeja bastante a la de un manga y los diálogos están repletos de localismos e informalismos porteños. En este caso, me imagino que estarán ahí en reemplazo de localismos e informalismos españoles.
El dibujo de Puig transita por los ya gastadísimos caminos de los “hijos estilísticos” (por no decir “clones malformados”) de Akira Toriyama. Sin la frescura del maestro, pero con esa onda, esa dinámica y muchos de sus yeites a la hora de plasmar líneas cinéticas, expresiones faciales y escenas de acción. No está mal, pero por un lado es una pena la falta de originalidad y por el otro hay mucha diferencia de calidad, de esmero en el trabajo, entre las carátulas que abren los episodios y las páginas de cada uno de estos.
Los argumentos… en fin… digamos que Séfora es una chica aparentemente nacida en el infierno, con inmensos poderes demoníacos, pero que perdió la memoria en un accidente (narrado en una historieta que no aparece en este librito) y desde entonces vive como una adolescente normal… o casi. Las historias que propone Puig arrancan en típicas situaciones cotidianas y en algún momento, algo (generalmente relacionado con el origen infernal de la protagonista o con la aparición de algún villano bizarro) detona el bolonki fuera de control y la machaca, presentados en forma bastante humorística. Me imagino que si sos una chica de 13-14 años, esto te debe parecer muy cool y muy gracioso. A mí, la verdad que (fuera de algún diálogo ingenioso) mucha gracia no me causó.
Sigo leyendo, a ver con qué volvemos en la próxima tandita de reseñas. Hoy sábado estoy de 13 a 3 de la matina del domingo en Viñetas Sueltas y mañana domingo, de 17 al cierre (ponele) en Dibujados. ¡Nos vemos por ahí!

miércoles, 1 de noviembre de 2017

VAMOS POR LA HAZAÑA

Bueno, la quimera de los 100 posts en el año no está tan lejos. Hay que ponerle a Noviembre y Diciembre el mismo huevo que a Octubre, y listo. Ahí vamos.
Arranco con el Vol.5 de All-Star Western, anteúltimo en esta interesantísima etapa de las aventuras de Jonah Hex. La vez pasada (en realidad hace mil años, el 30/09/15) lo dejamos al ídolo varado en el Siglo XXI, internado nada menos que en el Arkham Asylum, justo él que había compartido tantas andanzas con Amadeus Arkham a fines del Siglo XIX. Aquella vez había quedado un tanto disconforme con los guiones de Jimmy Palmiotti y Justin Gray, pero esta vez este rubro levantó muchísimo. Hex vuelve al Siglo XIX cinco páginas antes del final del libro, o sea que tenemos MUCHOS episodios en el presente, y los guionistas aprovechan a fondo la oportunidad para 1) hacer interactuar a Jonah con varios personajes del DCU actual, no sólo con Batman, que sería el obvio; 2) machacar con el tema de las armas y la violencia, tomando posición firme contra esta locura yanki de que cualquiera puede tener chumbos. Gray y Palmiotti acentúan el contraste entre el Siglo XIX, donde realmente no era ilógico que los tipos fueran calzados a todas partes, y el presente, en el que realmente eso no tiene el más mínimo sentido. Bien ahí la bajada de línea, sobre todo en un comic que debería tener entre sus lectores a muchos fans del gatillo fácil; 3) profundizar más el desarrollo de Hex como personaje, su psiquis, sus sentimientos, su forma de vincularse con los demás; y 4) pegarle un sacudón tremendo al personaje, al eliminar la cicatriz que lo identifica y que –uno sospecha- volverá de alguna manera en el próximo tomo.
Además hay mucha acción, buenos diálogos, una aparición exquisita de Swamp Thing y John Constantine , un guiño a las miniseries que hizo Timothy Truman para Vertigo, y no hay páginas desperdiciadas en esos back-ups que no aportaban demasiado. El dibujo de Moritat tiene, cada tanto, una de esas viñetas perfectas, con encuadres, texturas, expresiones o composiciones dignas de un dibujante de primer nivel. Pero cada tanto. Lo normal son páginas en las que el dibujante se pone metas más humildes, más tranqui. No está mal, cuando se decide a esmerarse en los fondos realmente la rompe, y en general los coloristas lo complementan bastante bien. De todos modos, no puedo evitar imaginarme qué haría Moritat si pudiera dibujar… 64 páginas por año. Yo creo que serían 64 páginas devastadoras. Me falta el Vol.6, espero conseguirlo en 2018 y leerlo en 2019.
Vamos con otra referencia a reseñas de 2015, más precisa-
mente a la del 15/06/15, cuando yo compartía mi primera experiencia leyendo un comic de Juampa Camarda. Ahora me tocó leer el breve Guía para el Fracaso, un librito que recopila una historieta de 2014-15, a la que Camarda le agregó una más cortita, realizada en 2017. Mejoras en el dibujo, veo pocas. Y todas en la última historieta, la de 2017. En general, se sigue notando bastante que a Camarda le cuesta dibujar los objetos y le da bastante paja dibujar los fondos. Pero en esas últimas 16 páginas, se lo ve mucho más afianzado en el manejo de la línea, una línea prolija, “amistosa”, muy plástica y muy funcional al tipo de historias que cuenta el autor. O sea que hay amplias chances de que en su próximo trabajo veamos nuevos pasos en la evolución de esta joven promesa.
Y felizmente, a lo largo de todo Guía para el Fracaso vemos una clarísima mejoría en lo que ya estaba muy bueno en Arroba Numeral, que son los guiones. Camarda maneja muy, pero muy bien ese registro costumbrista, con diálogos irónicos y 100% reales, silencios clavados en los momentos justos, y un tono de sitcom perfectamente logrado, con un talento infrecuente para el timing, tan importante en este tipo de relatos.
Guía para el Fracaso no está pensada para arrancarte carcajadas, sino que (fiel al espíritu low-fi de Arroba Numeral) busca hacerte sonreir, lograr que te identifiques con alguno de los personajes (obviamente yo me sentí reflejado en el gordo Tito), y por ahí, medio de keruza, invitarte a reflexionar sobre la forma en la que nos vinculamos en estos tiempos del Facebook, YouTube, el Watssap y la PlayStation. A mí me cerró por todos lados, la pasé muy bien. Banco mucho a Juampa Camarda y espero ansioso su próximo trabajo.
Antes que me olvide, este mes voy a estar en muchos eventos:
El 3 y el 4 en Viñetas Sueltas, en la Manzana de las Luces.
Del 10 al 12, en la San Luis Comic Con, en el complejo Arenas de la Punta.
El 18 en la Feria del Libro de Vicente López (a menos que llueva).
Y el 25 y 26 en La Costa Comic Con, en Santa Teresita.
¡Nos vemos por ahí!

lunes, 30 de octubre de 2017

CON ESTE RITMO LOCO

Sigo leyendo a muy buen ritmo y ya tengo otros dos libros para reseñar, en este caso dos gemas alucinantes.
Allá por 1976, el autor italiano Gianni De Luca (al que conocí gracias a mi amigo, colega y gurú Norman Fernández) realizaba una adaptación al comic de Romeo y Julieta, la famosa pieza teatral de William Shakespeare, para una revista infantojuvenil, obviamente italiana. En 2013, ese trabajo se reeditó en España en un álbum enorme y en blanco y negro.
Esto es sencillamente magistral. De Luca convierte a cada página en un escenario teatral en el cual mueve a los personajes, los hace actuar sin el encapsulamiento de las viñetas, de un modo único y perfectamente fiel a lo que hacen los intérpretes de una obra de teatro. Años más tarde, Dave Sim pondrá en juego estos mismos recursos en Cerebus… y hasta ayer yo creía que había sido el canadiense el primero en experimentar de esta manera con la página/ escenario. Evidentemente, De Luca estaba MUY a la vanguardia, más aún que el seminal Dave Sim.
Por supuesto que el ritmo de la narrativa, el despliegue de la acción en estas páginas/ escenario es lo que más llama la atención en esta versión de Romeo y Julieta. Pero también hay que destacar la inverosímil calidad del dibujo de Gianni De Luca, resuelto sin sombras, prácticamente sin manchas negras, hasta las últimas páginas, cuando la trama se sitúa en la cripta de los Capuleto y ahí sí, tenemos unos efectos de iluminación complejísimos, unas texturas demenciales y un clima totalmente distinto al del resto de la obra. De Luca hace gala de un excelente manejo de las expresiones corporales y faciales, en un estilo que anticipa muchas de las cosas que más adelante les veremos hacer (muy bien) a dibujantes como P. Craig Russell, Eric Shanower o Gabriel Rodríguez.
De la trama ni hace falta hablar, porque creo que todos saben de qué se trata Romeo y Julieta, no? Esta es una versión 100% respetuosa de la historia clásica. Ahí es donde a De Luca claramente NO se le ocurrió innovar. Pero así y todo, sin cambiarle una coma a la obra del bardo de Stratford-upon-Avon, el autor logró crear un comic absolutamente personal, visualmente inolvidable, con el que marcó un antes y un después en la adaptación de obras de teatro al lenguaje de la historieta. Muy recomendable.
Ahora sí, arranco con las reseñas de los libros de historieta argentina aparecidos en 2017 (algún día iba a llegar) y arranco muy, pero muy arriba con un librazo devastador: el tercer y último tomo de la Liga del Mal, con otras seis historias cortas a cargo de (por orden de aparición) Tony Ganem, Gerardo Baró, Patricio Plaza, Industrias Lamonicana, Diego Simone y Pablo Tambuscio. El prólogo de Rodolfo Santullo no miente: los seis se superaron respecto de sus aportes anteriores a esta antología. Quizás por la posibilidad de encarar historias un poco más extensas (16 páginas contra 12 que tenían antes), o quizás porque simplemente están más afianzados en esto de contar historias inclasificables en este maravilloso medio, en el que los seis corren con la ventaja de ser excelentes dibujantes.
Ganem reincide en su zona de confort: una supuesta aventura de fantasía heroica, a la que llena de chistes y situaciones absurdas realmente brillantes. Los diálogos están perfectos, la puesta en página tiene ideas geniales y visualmente no se puede creer.
Baró ensaya un post-holocausto uruguayo, también con muy buenos diálogos y un dibujo espectacular, un color hermoso, buenas ideas en la puesta en página y un protagonista sumamente carismático.
Plaza arriesga menos a la hora de armar las secuencias, pero te la clava en el ángulo con el dibujo, el color y sobre todo con el guión, que es original y sorprendente. Gran historia.
Lamonicana te atrapa en un thriller bizarro que logró ponerme muy nervioso. Un misterio, una obsesión, un relato que se despliega en dos tiempos distintos pero en un mismo lugar, notablemente resuelto y con los mejores diálogos del libro.
Simone finge contarte “una de acción”, pero por detrás de la acción urde una trama magnífica de vínculos entre personajes a los que YA quiero ver volver. Acá hay cameos de varios personajes de la Liga y un nivel de experimentación en la narrativa que te hiela la sangre.
Finalmente llega Tambuscio a tirarte la fatality, con una historieta PERFECTA (otra vez) que combina amor y horror, nostalgia y obsesión, dibujada como la hiper-concha de Dios. Si sos veterano y fan de Serú Girán, esta historia te agarra el alma, te la abolla como si fuera una servilletita de pizzería crota y te la tira al agüita del cordón de la vereda. Una maravilla, posta.
No me alcanzan las palabras para recomendar esta antología y una vez más, pido a gritos nuevas obras de estas seis bestias que ya se ganaron un lugar en la historia grande de la historieta argentina.
Y como siempre, prometo volver con nuevas reseñas ni bien tenga un par de libros más ya leídos. Ci vediamo.

sábado, 28 de octubre de 2017

SABADO PRIMAVERAL

Hermoso clima hoy, para andar al aire libre. Pero yo estoy en casa muy al pedo, así que aprovecho para postear unas reseñas.
Me bajé a velocidades supersónicas el Vol.2 de Gilgamesh el Inmortal editado en España por 001 Ediciones, como para completar esa saga de Robin Wood y Lucho Olivera que había empezado la semana pasada. Bah, no la completé porque hay muchos más episodios… que no están recopilados.
El libro ofrece 13 historias, que arrancan justo antes de la Segunda Guerra Mundial y terminan muchos años en el futuro, cuando Gilgamesh logra lanzar un cohete a Marte (con él adentro) desde una Tierra devastada por la Tercera Guerra Mundial. Entre los dos últimos episodios pasan 30 años (lo que tarda el inmortal en dominar la tecnología de la NASA), pero los restantes están separados por una cantidad de tiempo mucho menor que en el tomo anterior. De hecho hay tres episodios ambientados en la Segunda Guerra, en un lapso de tiempo muy breve. O sea que recién una vez transcurridos 26 o 27 episodios llegamos a donde Lucho Olivera había llegado al final de su primer capítulo de Gilgamesh, allá a fines de los ´60.
Muchas de estas historias son brillantes. La prosa de Robin está afiladísima y se torna oscura y desgarradora una vez que Gilgamesh descubre que es el único ser vivo en el planeta tras el holocausto nuclear. Ahí la historieta cambia mucho, porque –al no haber nadie con quién pelear- prácticamente no hay conflictos. El conflicto se traslada al interior del personaje, y Robin lo plasma con maestría. También mete referencias a otros personajes de su creación: así como en el Vol.1 aparecía Nippur, acá mencionan a Or-Grund y a Max Chevalier, uno de los protagonistas de Aquí la Legión. Obviamente me copa que hayan usado a Gilgamesh para tirarnos pistas de que existía un Robinverse. Lo único choto es que Robin crea personajes alucinantes para usarlos en un sólo episodio: la gladiadora criogenada 20 siglos, el mutante que controla el sistema de espionaje de la URSS, el robot Napoléon… todos tienen onda de sobra para aparecer mucho más de lo que aparecen.
Y el otro bajón: el dibujo de Lucho viene a un nivel increíble, pero en un momento, cuando faltan cuatro o cinco episodios, experimenta una caída más brutal que la del poder adquisitivo del salario en estos dos años de revancha neoliberal. En las últimas 50 páginas del tomo vas a encontrar un puñado de viñetas maravillosas… y un montón muy toscas, resueltas con lo mínimo, como si Olivera hubiese perdido de golpe las ganas de dibujar. Igual recomiendo mucho estos libros de Gilgamesh, una aventura profunda, potente y más adictiva que los bizcochitos Don Satur hexagonales con azúcar negra.
Salto de 1981-82 a principios de 2015, cuando Chip Zdarsky y Joe Quinones lanzan una serie regular de Howard the Duck, que va a durar poquitos números y se va a reiniciar después de Secret Wars. El arranque es este Vol.0, un festival de chistes y situaciones bizarras muy efectivo, pero al que no le sobra para nada ese filo, esa arista de sátira social que encontramos en el Howard de Steve Gerber, o en el de Ty Templeton (ver reseña del 14/09/10).
Acá la gran jugada de Zdarsky consiste en convertir a Howard en un detective privado que opera ya no en Cleveland, sino en New York, una ciudad repleta de superhéroes. Y esa va a ser la principal fuente de chistes: la interrelación de Howard con los otros héroes y heroínas de Marvel, desde She-Hulk a los Guardians of the Galaxy, hasta llegar a un último episodio en el que unos 30 personajes le tienen que hacer el aguante a un villano de la B que se arma una especie de Guantelete del Infinito, también de segunda selección. El resultado es entretenido, me reí bastante, pero me pareció que el guionista abusa un poco del recurso de contraponer a Howard con los otros héroes de Marvel. Veremos si en el siguiente tomo (que pienso leer el año que viene) se abre un poco más el abanico de posibilidades para esta serie.
El dibujo de Quinones es limpito, dinámico, expresivo… ideal para una comedia de este tipo. Cuando juega a probar cosas locas en la puesta en página le sale muy bien y cuando hay que ponerle huevo a los fondos, pone sin mezquinar. Gran dibujante, que ojalá vuelva en los futuros tomos. Y bien también los amigos que dibujan los back-ups: Rob Guillory (el de Chew), Jason Latour (el de Southern Bastards) y Katie Cook, a quien no conocía. Habrá más Howard el año que viene.
Y ni bien tenga un par de libritos más leídos, habrá nuevas reseñas, así que será hasta pronto.