el blog de reseñas de Andrés Accorsi

viernes, 19 de agosto de 2016

SEMANA DE BASTANTES LECTURAS

Entre la peli del Squad y las lecturas que se me acumularon en estos días, venimos con un gran ritmo de posteos en el blog. Este año ya van 35 posts y es bastante probable que de acá al 31 de Diciembre logremos subir 30 más.
Hoy arranco con Judge Dredd: Judgement Day, una saga originalmente serializada entre 1992 y 1993 en el semanario 2000 A.D. y la revista Judge Dredd Megazine. Se trata de una aventura extensa, de casi 160 páginas, escrita nada menos que por Garth Ennis, y con varios dibujantes a los que mencionaré en un toque. La trama es sencilla y quizás demasiado lineal: un hechicero resucita a miles de millones de muertos y genera una plaga zombie que asola al mundo entero. Dredd y otros jueces deberán hacerle frente a la amenaza y ganarán, no sin antes sacrificar las vidas de millones de personas en un genocidio que cualquier héroe posta hubiese dado la vida por evitar. Pero esto es Judge Dredd y acá la vida humana vale menos que la de una cucaracha. Ennis ni siquiera hace demasiado hincapié en la envergadura de la hecatombe que provocan los propios “buenos” y mucho menos en las consecuencias. La meta es derrotar al villano y, con la ayuda del protagonista de Strontium Dogs, lo van a lograr. Los diálogos son irónicos o directamente cómicos, la acción no decae y es todo tan grandilocuente, tan pasado de rosca, que no hace falta ser un genio para detectar que se trata (en cierto modo) de una gigantesca farsa. Entre los dibujantes están el siempre cumplidor Carlos Ezquerra, un flojísimo Peter Doherty (que cuando dibuja sin ganas es infumable), unas páginas alucinantes del maestro Dean Ormston (con efectos expresionistas que más tarde veríamos en Ben Templesmith o Renzo Podestá) y un clon de Simon Bisley de asombrosa similitud, llamado Chris Halls. Un promedio bastante alto para el dibujo, mejor que el del guión, que a pesar de algunos aciertos no pasa de ser “otra de zombies”.
Mara es una historieta de 2013, escrita por el prolífico Brian Wood y dibujada por la hoy consagrada Ming Doyle. Te resumo el argumento: En un mundo sin superhéroes, una persona pela públicamente unos superpoderes zarpadísimos. El gobierno la trata de cooptar, controlar e investigar y para eso le hace tantas guachadas que esta persona se pudre y dice “¿Yo no les hice nada y ustedes me consideran una amenaza? Ahora les voy a dar motivos”. Esto ya lo leímos chotocientas mil veces, y en todo caso lo interesante es ver cómo Wood nos cuenta la historia, porque buena parte de lo que sucede es lo que ya te imaginarás. El ídolo te decora bien la torta, con una buena construcción de personajes, una ambientación futurista bastante interesante y –fiel a su estilo- mete poco diálogo y deja que sea la imagen la que cuente el cuento. Cuando el diálogo aparece, es invariablemente acertado, escueto y nunca es imprescindible. Es la acción y no la palabra lo que hace avanzar a la trama. Al dibujo de Ming Doyle le falta algo, quizás originalidad, o riesgos, pero resulta agradable, es muy funcional al relato y se complementa armónicamente con los hermosos colores de la infalible Jordie Bellaire. Con todo eso tenido en cuenta, Mara es un comic interesante, pero lejos de ocupar un sitial privilegiado o fundamental dentro de la bibliografía de Wood. Si conocés a alguna minita que juegue al voley, no dejes de regalárselo. Vas a quedar como un archiduque.
El año pasado, el 22 de Junio, un goma decía en su reseña de Waibero: “descubrí a un dibujante formidable, con un estilo único, muy atractivo, y ahora me falta leer historietas de El Waibe que me cierren, que me dejen algo, que encuentren lugar para desarrollarse más allá de la idea, que me permitan conectar mejor con ese universo gráfico tan intenso y tan logrado”. Bueno, acá está. Defecaciones Humanas es una novelita gráfica de 48 páginas a todo color, escrita y dibujada por El Waibe, en la que el joven autor saca chapa de grosso. Acá sí, hay un argumento fuerte, un personaje ganchero, una bajada de línea notable, chistes, guarangadas y elementos escatológicos puestos en función de un relato sólido, atrapante, con acción, pasos de comedia, bizarreadas que no tienen (ni requieren) mucha explicación, algo de romance e incluso la posibilidad de dejarnos pensando en temas importantes. El propio autor se convirtió en editor para este proyecto, con lo cual me imagino que habrá hecho una tirada pequeña y que (si bien salió a fines de 2015) es probable que Defecaciones Humanas hoy sea difícil de conseguir. Pero te aseguro que recontra-vale la pena. Esto se podría haber publicado tranquilamente en Fantagraphics, o en la mejor época de El Víbora. Y encima te deja convencido de que la próxima obra que pele El Waibe va a ser aún mejor.
Gracias por todo (especialmente a los que se acercaron a saludar durante Crack Bang Boom) y la seguimos pronto.

miércoles, 17 de agosto de 2016

SUICIDE SQUAD

Esta vez no pude ir a la función de prensa, y terminé viendo la peli en un cine cualquiera, como cualquier mortal. Eso no me jode en lo más mínimo (bueno, sí, esos mega-baldes de pochoclo me resultan repulsivos) pero los días que pasaron entre el estreno en EEUU y mi visita al cine me expusieron (incluso contra mi voluntad) a varias críticas, todas bastante lapidarias. O sea que fui esperando una garcha insostenible. Incluso fui con sueño, convencido de que si la peli no me recontra-atrapaba, iba a terminar apolillando durante los 123 minutos que dura el largometraje.
Bueno, nada de eso pasó. Ni me dormí, ni la peli me pareció una basura inmunda. Me pareció un típico blockbuster cabeza de Hollywood, una Rápido y Furioso en la que en vez de autos hay tipos y minas con superpoderes. Obvia, ramplona, con un guión prendido con alfileres que ni se calienta por explicar un montón de cosas, un claro intento de apelar al mínimo denominador común. Dentro de esos parámetros, me parece que la labor de David Ayer (guionista y director) es aceptable. El tipo se propuso brindarnos dos horas de machaca y chistes y eso no escasea para nada en Suicide Squad.
Pero claro, es Suicide Squad, y los viejos asociamos ese nombre no con la versión para subnormales que se impuso desde el New 52 en adelante, sino con un comic que entre 1987 y 1992 supo sacudirnos con unas historias y un desarrollo de personajes muy difíciles de igualar en los comics, y probablemente imposibles de reproducir en otros medios. De toda esa magia que desplegó el maestro John Ostrander en los comics, el film de Ayer rescata algunas pocas cosas. Una versión bien hija de puta de Amanda Waller interpretada por una demoledora Viola Davis (no sé qué les costaba hacerle usar anteojos para leer, pero bueno…), un Captain Boomerang que oscilaba entre el comic relief y la mala leche más cruel, y un Rick Flag con el que el espectador nunca termina de empatizar, pero que cuando tiene que pelar chapa, la pela.
Para mi sorpresa, Deadshot se bancó bien el protagonismo extra que le otorga el hecho de estar interpretado por Will Smith, aunque claro, el personaje está muy reversionado respecto de aquel al que Ostrander hizo brillar en el Squad. También me sorprendió que el guión le diera tanto peso al Joker (bien interpretado por Jared Leto). Yo creía que iba a aparecer 15 segundos, y que era más un engaña-pichanga para llevar gente al cine que un jugador importante en este partido. Y si bien varias de las intervenciones del Joker podrían omitirse sin que la peli cambie mucho de rumbo, es mucho más que un personaje secundario, su rol va mucho más allá de explicar quién carajo es Harley Quinn. Y la gran incógnita, que era El Diablo, me pareció bien resuelta, uno de los pocos personajes que se desarrolla durante los 123 minutos sin traicionar nunca su motivación original.
El resto me pareció inconsistente, grandilocuente al pedo, apenas entretenido. Me impactó Margot Robbie, la chica que hace de Harley Quinn (jamás la había visto), pero no sé si el personaje está bien logrado, porque hace mil años que no leo comics de Harley Quinn. Me quedo con su figura y su sonrisa, cautivante 100%. En general, me quedo con todo el aspecto visual de la peli, por sobre items como el desarrollo de personajes, o los peligros que deben enfrentar, que son bastante menores o no están tan bien trabajados. Está bien la integración con las otras pelis del Universo DC (grosso Ben Affleck) y valoro el intento de meterle toques de humor a un film que, si lo encaraban para el lado solemne y pasado de oscuridad, podría haber sido un monumento al embole.
En síntesis, no vayas esperando una gran película, porque no la vas a encontrar. Si lo que le pedís es que te entretenga un rato con la estridencia pochoclera que tan bien sabe darnos Hollywood, ahí sí, Suicide Squad cumple con creces la misión.

martes, 16 de agosto de 2016

LECTURAS ACUMULADAS

Entre una cosa y otra, ya tengo cinco libros leídos sin reseñar. Pero vamo´a calmarno´. Reseño tres hoy y el resto en un par de días. Incluso en el medio puede caer la reseña de la peli del Suicide Squad, que tengo pensado ir a ver hoy. En fin, ya veremos cómo nos organizamos.
Arranco con el Vol.14 de Bakuman, otra maravilla indescriptible de los maestros Tsugumi Ohba y Takeshi Obata. Esta vez, un personaje nuevo, Tohru Nanamine, entra de golpe y copa la parada. Casi todo lo que sucede en este tomo tiene que ver con este mangaka novato, astuto, manipulador, sin reparos a la hora de echar mano a recursos de dudosa profilaxis con tal de lograr su meta: publicar en la Shonen Jump una serie que le pase el trapo a las de Muto Ashirogi y sus otros jóvenes colegas. Nanamine es lo más parecido a un villano que vimos en Bakuman desde que se inició, y Ohba dedica mucho espacio a construirlo como un personaje realmente complejo, atractivo, distinto. Para el final del tomo, la “amenaza” de Nanamine parece empezar a desvanecerse, pero no me gustaría ver desaparecer por completo al personaje en este tramo ya casi final de la serie. En paralelo, otros personajes no aparecen ni a saludar, otros tienen roles muy, muy chiquitos, y tramas importantes a lo largo de la serie (como el romance de Mashiro y Azuki) no avanzan ni medio milímetro. De todos modos, sobran las emociones, los diálogos perfectos (siempre bien traducidos por Nathalia Ferreyra) y la data grossa acerca del backstage de la antología de historietas más exitosa del planeta. El dibujo de Obata, magnífico como siempre. Y notable lo de Ivrea, que (más vale tarde que nunca) parece haberle encontrado la vuelta al tema de la periodicidad.
Retomo esta serie que tenía colgada desde el 14/01/15 y me encuentro con una aventura realmente fuerte, impactante, a todo o nada. Acá pareciera que Geoff Johns dijo “si con esto no logro darle chapa a Aquaman y que la gente se lo tome en serio, mando todo a la mierda y me anoto en un reality de travestis, enanos y chicas que se hacen cirugías plásticas para parecerse a sus mascotas”. Este tercer tomo tampoco tiene lo que a mí más me había cebado en el primero, que era esa mirada entre irónica e intimista a la vida cotidiana de Aquaman y Mera. Pero tiene algo que me gusta mucho y es un dilema moral potente en el eje mismo de la trama, que se anima a disputarle el protagonismo a la machaca grandilocuente (la Liga de la Justicia contra un ejército de atlanteanos y la horda de bichos caníbales a los que Arthur había vencido en el Vol.1). El final es impredecible, la interacción entre los héroes está muy lograda, el personaje de Orm tiene los matices que jamás tuvo en la versión pre-New 52 y nadie se va de acá igual que como llegó. En el dibujo mete mano demasiada gente (cuatro dibujantes y diez entintadores para 140 páginas… dejame de joder) y el que más se luce es –lógica y predeciblemente- Iván Reis. Me queda por leer (y creo que por comprar) un cuarto tomo de Aquaman de Geoff Johns y si está al nivel de este, voy a lamentar mucho que sea el último.
Tarde o temprano tenía que empezar a leer el material argentino editado este año, y así es como le llegó el turno a El Petiso Orejudo, la biografía en formato comic del famoso asesino serial, narrada por el guionista Pablo Barbieri (lo visitamos allá por el 13/09/13) y la dibujante Carina Altonaga, a quien ya vimos colaborar en un par de antologías. El libro tiene un problema frecuente en las ediciones de historieta actual: demasiadas carátulas y páginas en blanco. Si tenés 68 páginas de historieta y sacás un libro de más de 80 páginas, me estás cagando. Me estás cobrando por nada, o por algo que no me interesa leer. Ojalá eso algún día se entienda y empiece a cambiar. En cuanto a la historieta propiamente dicha, lo más difícil está bien resuelto: los autores no caen en la tentación de shockearnos con un festival de escenas truculentas, sino que estas son muchas veces narradas por los personajes. La historia real del Petiso Orejudo está llena de situaciones macabras, violentas y perversas y por suerte el libro logra generar tensión sin describirlas ni graficarlas en toda su atrocidad. El último tramo, el de la visita de Reilly al penal de Ushuaia, me pareció el mejor logrado, al punto de que bien se podría haber utilizado como secuencia troncal, como hilo conductor de toda la trama. El dibujo de Altonaga está muy bien, muy alineado a esa estética realista y oscura en la que brilló muchos años Leonardo Manco. La narrativa, en cambio, tiene algunos momentos de incertidumbre. Me queda la sensación de que se podría haber hecho mejor, pero que aquellos que se acerquen a la obra no desde el purismo comiquero sino desde el interés por el tema del primer asesino serial de Latinoamérica, la van a disfrutar muchísimo.
Me fui a la mierda. ¡Hasta la próxima!

domingo, 7 de agosto de 2016

LOS TRES DE ESTA SEMANA

Sigo leyendo a un ritmo lento, más o menos un libro cada dos días. Si sigo así, el material que me compré el mes pasado en España lo voy a empezar a leer en Octosto o Juliembre de 2017. Y el material argentino que sale esta semana por Crack Bang Boom, ni idea. Capaz que en 2018.
Arranco con el primer tomo de Suburban Nightmares, una extraña gema de la segunda mitad de los ´80 que nunca había podido conseguir. Esta es “la hermana menor” de The Silent Invasion, la galardonada saga de los canadienses Larry Hancock y Michael Cherkas. De hecho, algunas de estas historias se publicaron como back-ups en esa revista. La gran diferencia entre Silent Invasion y Suburban Nightmares es que acá se suma un tercer autor al equipo, el dibujante John Van Bruggen, con lo cual la participación de Cherkas es menor. Además de historias en las que Van Bruggen se acopla perfectamente al estilo de Cherkas, hay otras en las que prueba otras cosas y sirven para ampliar el registro gráfico y mostrar la versatilidad de estos canadienses, que quedaron irremediablemente encasillados en el “estilo atómico” pero obviamente saben hacer otras cosas. Los guiones de Hancock son desparejos: la primera historieta (la más larga) es brillante y entre las historias más breves hay algunas geniales, otras simpáticas y otras que no aportan demasiado. Por supuesto que yo compro esto por los dibujos, pero Hancock tiene un bonus en sus historias que me resulta MUY atractivo: todo el tiempo juega con el humo que compraron los yankis en los ´50, cuando el trabajo, la familia y el progreso (corporizado en modernos electrodomésticos) eran sagrados y los comunistas y los marcianos llevaban terror a esos corazones nobles y amistosos. No es el único guionista que se metió con ese tema, pero lo hace realmente muy bien.
Opus es una de las dos obras que el maestro Satoshi Kon dejó inconclusas, en este caso porque cerró abruptamente la revista en la que se serializaba. Pero esta edición de Dark Horse (que reproduce la edición japonesa de 2011) incluye las páginas inéditas, las que se dieron a conocer después de la muerte de Kon y en las que el genio de la animación busca darle un final decoroso a su manga… y termina por convertirlo en un clásico definitivo. Opus juega todo el tiempo con dos niveles de realidad: el de un mangaka que está por terminar su obra más extensa y popular y los personajes y el mundo que él mismo creó para el manga y que ahora empiezan a interactuar con él de un modo… por lo menos sorprendente. El resultado es un meta-manga que (como Bakuman) revela mucho del backstage de los mangas más populares, pero esta vez en clave de aventura, con un villano zarpadísimo, persecuciones, combates, secuestros, torturas y muertes. Gran laburo del inolvidable Satoshi Kon, cuyo talento inverosímil para el dibujo, la composición y la perspectiva brilla incluso en esas páginas inéditas que están sin entintar.
Y cierro con el segundo tomo de Promethea, el hiper-clásico de Alan Moore y J.H. Williams III, con seis episodios uno más increíble que el otro. Los seis son joyas absolutas, pero hay dos que opacan al resto: acá está el famoso episodio en el que Promethea garcha con el viejo que promete enseñarle magia, y esa cátedra infinita en la que Moore repasa los 21 arcanos del tarot y los usa para explicar ¡en verso! la historia de la Humanidad (o por lo menos de Occidente) desde el big-bang hasta el cambio de milenio del año 2000. Uno sabía que del Mago se podía esperar mucho más que del guionista promedio, pero aún así esas 24 páginas fueron demasiado. Me acuerdo el impacto que me produjeron en su momento, cuando las leí en revistita, y ahora de nuevo, se me volvió a caer al piso la mandíbula. Lo que hacen Moore y Williams en Promethea es sacarle el techo a la historieta como medio artístico y de expresión. Sí, hay una heroína, sí, hay villanos, sí, hay aventuras y peligros… pero esto es otra cosa. Ya desde la puesta en página, sin necesidad de leer un sólo texto, resulta obvio que acá hay otra ambición, otra complejidad y otro nivel de talento, por supuesto. Estoy disfrutando muchísimo la relectura de Promethea. Pronto me clavo el Vol.3.
Como todos los años a esta altura de Agosto, este jueves arranca Crack Bang Boom y nos vamos cuatro días a Rosario, a vivirlo a full. Eso significa que hay pocas chances de tener nuevas reseñas antes del lunes, y lo más importante: que nos podemos encontrar en vivo y charlar un rato de comics. Si andás por la Crack, no dejes de acercarte a saludar a mi stand, y de paso llevate papa muy fina a precios cuidadísimos. ¡Nos vemos allá!

lunes, 1 de agosto de 2016

LEYENDO MUY DE A POCO…

En estos días leí muy poco. Por distintos motivos, tardé un montón en juntar tres libros leídos como para armar una reseña. Me preguntás cómo hice para leer un libro por día durante seis años y te tengo que responder “no tengo la más puta idea”.
Space Clusters es una novela gráfica de 1986, de cuando DC tenía su línea de novelas gráficas de ciencia-ficción. Esta la escribió Arthur Byron Cover, y es muy rara. El guión arranca como una típica aventura, bastante predecible pero con personajes interesantes. Cuando lleva 24 páginas de eso, Byron Cover pega un volantazo fumadísimo y la historia pasa a ser otra cosa totalmente distinta, cobra un vuelo muy loco, mucho más literario que historietístico y lentamente empieza a avanzar hacia una resolución también totalmente inesperada, al borde del WTF?.
¿Por qué me mantuvo atrapado hasta el final? Porque dibuja el maestro Alex Niño, genio del dibujo, la composición y la puesta en página. El color (también a cargo de Niño) es raro y hay momentos en los que hace un poco de ruido. Pero lo que está abajo, el dibujo a tinta, tiene una fuerza expresiva impresionante, una poesía, una magia, un riesgo, que te hipnotiza página tras página y querés que la hsitorieta no se termine nunca. Ojo, si no sos fan de Niño, no te recomiendo ni a palos esta obra. Pero para los fieles seguidores del filipino (notoria influencia en los inicios de Carlos Meglia) Space Clusters es fundamental.
Nos vamos a mediados de los ´90, cuando el glorioso John Byrne presenta su nueva creación en el sello Legend de Dark Horse: Danger Unlimited no oculta en lo más mínimo su parecido con Fantastic Four, pero una vez que arranca la historia, resulta obvio que los parecidos son apenas cosméticos. Lo que se propone contar Byrne es claramente otra cosa y el resultado es una saga atrapante, intensa, con muy buenos diálogos, una excelente presentación de personajes… que nunca volvieron a aparecer. Danger Unlimited fue un fracaso comercial que Byrne abortó tras apenas cuatro episodios y esto es lo que hay: la historia en la que se (re)forma el grupo. Nada más.
Felizmente, los cráneos de IDW decidieron engrosar el TPB con los seis episodios de Babe que realizó Byrne (también en los ´90 y en Dark Horse). Babe es un comic festivo, que combina hábilmente machaca superheroica con comedia cuasi-picaresca. Entretenimiento sin pretensiones, con apariciones copadas de personajes de otros autores (Abe Sapien, Shrewmanoid), un lindo gaste a Spawn y la intención de integrarse a una especie de universo heroico que lamentablemente Byrne nunca desarrolló más allá de estas páginas. El dibujo de todo el tomo es espectacular, y en el tramo de Danger Unlimited el anglocanadiense te detona el cerebro con su manejo apabullante de las tramas mecánicas. El color, más o menos. En su etapa en IDW Byrne tuvo coloristas mucho mejores. Pero bueno, si sos fan de este monstruo, esto hay que tenerlo.
Y cierro con El Carro de Hierro, una obra de Jason bastante antigua (la terminó en 2003), en la que el noruego adapta una novela de Stein Riverton. Se trata de un enigma policial, una serie de muertes extrañas que deberá resolver un detective frío y metódico, como uno se imagina a los detectives noruegos. A lo largo de 68 páginas, el misterio que plantea El Carro de Hierro logra ponerte muy nervioso. Jason narra la historia en su estilo de siempre, repleto de silencios, con escenas oníricas intercaladas en los momentos justos, con un montón de recursos pensados para acentuar la tensión. En blanco, negro y terracota (o marrón rojizo), la habitual imaginería de Jason se pone al servicio de una historia muy atractiva, con varios giros impredecibles y un final tan lógico como satisfactorio. Obviamente la faceta más violenta de la trama está des-enfatizada por este prócer del anti-pochoclo, que prefiere la parsimonia al vértigo y que no necesita recurrir al impacto típico de los thrillers para captar totalmente nuestra atención. No lo pongo entre las obras maestras de Jason simplemente porque no es un guión original suyo, pero el dibujo es magnífico y la historia se presta tan bien a la adaptación que si Jason te dice que el guión se le ocurrió a él, se lo creés.
Espero tener otra tandita de libros leída antes del finde. Veremos qué onda.

viernes, 22 de julio de 2016

22/07: SHOWCASE PRESENTS LEGION OF SUPERHEROES Vol.5

Hoy, otra reseña “de las de antes” para comentar este mega-masacote de 520 páginas que me bajé de a puchitos durante esa semana que pasé en España.
Allá por un lejano 26 de Enero de 2011, con el tomo anterior enfrente, yo decía que había que “bancar mínimo un tomo más para que las historias y los dibujos dejen de oler a naftalina”. Ahora lo confirmo, con más convicción. Esta es la etapa de clara transición entre un Vol.4 anticuado y bastante pavote y un Vol.6 que, el día que salga, le va a dejar claro a más de uno por qué la Legion of Super-Heroes de los ´70 era un título más que interesante. Este tomo arranca con las últimas historias en las que la Legion ocupa los back-ups de la revista de Superboy, que a partir de su n°197 pasa a llamarse Superboy and the Legion of Super-Heroes. Y ya está, se acaban (por unos cuantos años) las aventuras solistas del único personaje realmente detestable que tiene esta serie, que es esa absurda versión juvenil del Hombre de Acero, seguramente la peor idea en las extensas carreras de Jerry Siegel y Joe Shuster.
El guionista principal de esta etapa es Cary Bates, quien muy de a poquito empieza a plantear historias más intrincadas, con giros menos predecibles. Para el n°209, Bates comenzará a alternarse con Jim Shooter, que regresa más maduro, con ganas de contar historias distintas a las que vimos en el Vol.4. El gigante de Pittsburgh será quien aporte las mejores historias del tomo al introducir dilemas éticos más jodidos, temas vinculados a la realidad de los lectores (la discriminación racial, por ejemplo) y toques de personalidad un poquito más marcados en algunos legionarios. No te digo que todo sea genial, ni siquiera que todo sea legible, pero se notan las intenciones tanto de Bates como de Shooter de ir llevando de a poco a esta serie hacia algo que pudiera emocionar ya no a los pibes de 10 años de 1968, sino a los adolescentes de 1976.
Un gran impulsor de esta transición es el maestro Dave Cockrum, quien aportó a la serie un dibujo más moderno, sin la estridencia de un Jack Kirby o un John Buscema, pero con una cierta sensibilidad marveliana que ayudó muchísimo a sacudirle la herrumbe a la Legion. Después de rediseñar el cuartel, las naves, los trajes de casi todos los miembros y participar en la creación de uno de los más grossos (Wildfire), Cockrum dejó la serie tras el n°203. Era el momento de un dibujante todavía más radical, más extremo, el primero en dejar de dibujar a los legionarios con caras de nene y meterles patillas o pelo largo a los varones y trajes todavía más escuetos a las chicas: Mike Grell venía a romperla y se quedará en el Siglo XXX muchos números, para beneplácito de los fans de la acción más extrema, los ceños fruncidos y los dientes apretados. Por momentos, esta impronta más violenta y más oscura de Grell va a contrastar con el tinte más ingenuo de los guiones, pero en general el aporte de “Iron Mike” será fundamental para terminar de lavarle la cara a la Legion y salir a conquistar nuevos fans.
Este Showcase llega hasta el n°220 de SATLOSH y si sos fan de la serie es importantísimo, porque acá vas a ver hitos como la boda de Bouncing Boy y Duo Damsel, la muerte de Invisible Kid, la aparición de Wildfire, la renuncia de Matter Eater Lad y el viaje de Karate Kid al Siglo XX, donde protagonizaría una serie “solista” pensada para colgarse de las tetas del boom de las artes marciales que sacudió a EEUU a mediados de los ´70. Obviamente falta mucho en materia de desarrollo de personajes y hay muchos argumentos que se tiran literalmente a la marchanta para cumplir la imposición de que cada número ofrezca una o dos historias completas. Pero comparado con el material de los ´60, esto es jugadísimo. Long Live the Legion!

miércoles, 20 de julio de 2016

HORA DE VOLVER

La verdad es que durante esa inolvidable semana en España no tuve tiempo para postear nada. Sí para leer, porque el viaje fue largo. Así que, ya en casa, es hora de reseñar algunos de los libritos que me bajé en aviones, trenes y micros.
Pedro and Me es una novela gráfica editada en 2000, en la que Judd Winick (que todavía no era guionista, sino autor integral) nos cuenta su experiencia en MTV: The Real World, uno de los primeros realities de la historia de la televisión. En esa convivencia filmada por no sé cuántas cámaras, este joven dibujante newyorkino se hizo amigo de Pedro Zamora, un chico nacido en Cuba y emigrado a EEUU, portador del virus del HIV. La historia de Pedro conmovió a todo el país, sobre todo porque unos pocos meses después de terminado el reality, este incansable vocero de los enfermos de SIDA falleció, con sólo 24 años. En 180 páginas, Winick nos cuenta su vida, la de Pedro y la increíble experiencia de haberse conocido en condiciones tan atípicas como un reality que vieron millones de personas, donde también participaba la que hoy es la esposa del autor. Por supuesto que el conflicto central es la enfermedad de Pedro, y desde el primer momento sabemos que va a terminar mal. Pero el tono no es excesivamente bajonero ni solemne. De hecho, creo que lo mejor que tiene la obra es el tono, la forma en la que Winick nos mete en la historia y logra que nos interesemos por lo que sucede sin apelar a golpes bajos y sin predicar. El dibujo no llega a ser precario, pero no brilla demasiado. Lo que más me gustó de la faz gráfica es el rotulado, que me hizo acordar mucho al de Scott McCloud. Si no te aburre la temática, Pedro and Me se puede abordar como una historieta autobiográfica muy lograda, o como un rastreo arqueológico de la época en que Judd Winick todavía dibujaba sus propios guiones, sin superhéroes, pero con luchadores de carne y hueso.
Finalmente, y después de muuuuchos años, conseguí el tomito que me faltaba de Los Reyes Elfos, casualmente el primero, el que dio origen a la extensa saga creada por Víctor Santos también en el 2000. Al haber leído todo lo posterior, ya sabía todo lo que iba a pasar en estas primeras 42 páginas: el príncipe Ehren Heldentodsson regresa a Alfheim tras un largo exilio en medio de un clima enrarecido y debe suceder en el trono a su padre, que muere en un combate. Lo que me llamó la atención es cómo suceden estas cosas, a qué ritmo, y con cuántas pistas acerca de lo que iba a pasar más adelante. Evidentemente acá había un plan, Santos sabía muy bien que esto era sólo el principio y abre un montón de puntas que más adelante se van a explorar a fondo. Las 42 páginas parecen 64, porque hay muchas páginas con más de 12 viñetas. Esto permite que el espacio alcance para explicar todo el entramado sociopolítico de Alfheim, presentar a los personajes y desembocar en una machaca no tan enfatizada, pero muy satisfactoria. El dibujo está muy verde comparado con lo que veremos hacer más adelante a Santos, y aún así se la re-banca.
Vamos con el primer tomo de Sex Criminals, la muy original, picante, transgresora y ganchera serie de Matt Fraction y Chip Zdarsky. Al dibujante no lo conocía y la verdad es que me gustó mucho, sobre todo por cómo trabaja la composición de las viñetas, por cómo encara esas páginas de muchos cuadros y por su manejo del color, que es impactante y elegante a la vez. Al guionista, en cambio, ya lo tengo bastante junado y –por más limada que sea la idea de esta serie- difícilmente me sorprenda como me sorprendió con Casanova, por citar su obra más personal. Lo que sí me resultó increíble es lo zarpado del contenido, la cantidad de menciones y apariciones explícitas de las pajas, los lechazos, los dildos, los petes, los garches, los orgasmos y todo el universo de los placeres carnales, que en la historieta aparecen con frecuencia sólo en el género porno, y están prácticamente suprimidos en todos los demás. Acá a Fraction se le ocurrió la forma de que una historia de amor y aventuras funcione en torno a un “superpoder” íntimamente ligado al sexo, y el resultado es gracioso y efectivo. Le falta un poquito más de fuerza a la aventura: por momentos parecieran sobrar los villanos, su aparición no resulta ni a palos tan natural ni tan interesante como la relación entre Suzie y Jon, que está muy, muy bien trabajada. Obviamente me cebó como para ir por un segundo tomo… y para desear que los autores no se jueguen a estirar la idea más de lo que esta puede resistir sin hacerse burda o reiterativa.
Tengo más material leído así que, si llego con el tiempo, clavo una reseña más antes del domingo. Será hasta pronto!

viernes, 8 de julio de 2016

FERIADO CON RESEÑAS

Se me atrasó unos días el viaje a España, así que aprovecho para meter otro posteo, con reseñas de tres libros que me bajé esta semana.
Uno de los artistas que iba a viajar a Gijón y finalmente tuvo que cancelar (gracias a la ineptitud y la desidia de la cancillería argentina, para peor) es Iñaki Echeverría, quien está presentando su nuevo libro, La Vida de un Padre Abrumado. Se trata de tiras de humor costumbrista (unas cuantas se publicaron en el sitio web de Comiqueando hace un par de años), centradas en un dibujante de treinta y muchos que tiene que lidiar con dos hijas chiquitas. Por momentos se parece bastante a Siento y Miento, de Alfredo Rodríguez, con la diferencia de que el personaje de Iñaki está solo. No aparece ni se menciona nunca a la mamá de las nenas, un personaje cuya importancia crece a medida que su existencia se silencia. Al final, ya hace MUCHO ruido el tema de que nunca se mencione a la madre de Cata y Francisca. Por suerte el humor de Padre Abrumado es fresco, ingenioso, filoso en los momentos justos, con una dosis de mala leche que le impide derrapar hacia la ternura blandengue… y el dibujo de Iñaki es buenísimo, simple, efectivo y original. Un libro zarpado en tamaño y en calidad de edición que –si hay justicia en el mundo- será comprado, disfrutado y atesorado por bocha de gente de la que habitualmente no consume historietas.
Las Oscuras Manos del Olvido, de los maestros españoles Felipe Hernández Cava y Bartolomé Seguí, es la típica historieta que hace 20-25 años yo habría puteado sin piedad. Por amarga, por pretenciosa, por diluir una trama de acción (una vendetta entre gansters de Marsella y terroristas del País Vasco) entre miles de escenas introspectivas, por bombardearnos con data acerca de tragedias históricas del Siglo XX (la “guerra sucia” entre la ETA y el gobierno español, la cruenta independencia de Argelia), por inundar los diálogos de referencias a los cuadros de Michel Serre, las canciones de Charles Aznavour, las novelas de Albert Camus y las películas de Pier Paolo Pasolini. Todas esas cosas, hace unos años me molestaban, me parecía que iban contra la esencia misma de la experiencia de leer comics. Después, por suerte, uno madura y se da cuenta de que con esos elementos también se puede enriquecer notablemente una trama… y venderle el proyecto a un editor francés. Como siempre, Hernández Cava descolla a la hora de darle profundidad a los personajes y los conflictos y humilla con la calidad literaria de sus bloques de texto. A la larga, lo único que no me fascinó del guión es el ritmo. Y el dibujo de Seguí es magnífico, muy distinto de lo que hacía en El Víbora en los ´80, pero de un nivel inobjetable. Si no te ennerva que una novela gráfica se tome a sí misma demasiado en serio, Las Oscuras Manos del Olvido te va a atrapar.
Cierro con un nuevo tomo de Bakuman, el manga sobre mangakas que conmueve y apasiona de punta a punta, sin bajar jamás la calidad, sin quedarse sin ideas, sin perder la magia y la capacidad de sorprendernos. Este Vol.13 es casi un autoconclusivo insertado en medio de la saga. El guión de Tsugumi Ohba se las ingenia para que todo, incluso los mangas que producen los Muto Ashirogi (y sus colegas/amigos/rivales), pase por el tema del amor y las relaciones sentimentales. No se desactiva ninguna de las subtramas que se venían desarrollando, pero todas pegan un viraje para el lado del romance, resuelto con maestría por el guionista. Hay situaciones muy cómicas, que me hicieron reir bastante, y como siempre, mucha data acerca del backstage de las antologías shonenosas más populares del mercado japonés. El dibujo de Takeshi Obata, brillante como siempre. La verdad que mientras leía Death Note jamás se me ocurrió que este tipo podría ser un crack dibujando comedia costumbrista. Pero bueno, los genios son así. En Argentina faltan salir siete tomos para completar la serie y uno ya empieza a desear que no salgan nunca, porque la idea de una vida sin Bakuman es aterradora.
Me llevo varios libros para leer en el viaje y la tablet, así que no prometo nada, pero es probable que postee alguna reseña desde Gijón. ¡Hasta pronto!

viernes, 1 de julio de 2016

¡LLEGO EL SEGUNDO SEMESTRE!

Se viene una ola de magia, alegría y prosperidad, con lluvia de inversiones, dólares y medallas en los Juegos Olímpicos de Río. Para festejarlo, comparto estas tres reseñas, las últimas por un tiempito porque el miércoles me voy de viaje y no sé si voy a tener tiempo para escribir y subir material al blog. Por las dudas me llevo la tablet, pero no prometo nada.
Arranco con el Vol.3 de Bárbara, con el que completamos la mítica saga de Ricardo Barreiro y Juan Zanotto. Este es el tramo más aventurero, en el que Barreiro deja de lado la faceta más política y la trama se concentra en la aventura. La ambientación post-apocalíptica cede su lugar a la space opera, y todo pasa por las naves espaciales, los planetas y las criaturas con las que Bárbara y sus amigos se encontrarán una vez que se lancen al espacio exterior. Barreiro era muy fan de la ciencia-ficción y para cada cosa tenía una explicación compleja y sesuda, que a veces empantana un poco el ritmo de los relatos. Pero, aún con esa liviandad que antes no tenía, este tramo de Bárbara está muy bien. Una pena que se acabara sin antes desarrollar más a los nenes mutantes, una idea magnífica que termina por dejarnos un sabor a deus ex machina. El dibujo de Zanotto, magistral como siempre, con un laburo monumental en fondos, trajes, armas, naves, etc.. Si podés conseguirla, no dejes de darle una posibilidad a esta gran epopeya de la historieta argentina de aventuras.
Me voy a Bélgica, donde en 2012 se estrenó una película del Marsupilami con actores, escrita y dirigida por Alain Chabat. Con el mismo guión, Batem y Colman realizaron el comic, publicado como Vol.25 de las aventuras del Marsupilami. Sur la Piste du Marsupilami es un álbum más extenso que los normales, con 60 páginas de historieta. El argumento tiene varios puntos de contacto con el de Le Nid des Marsupilamis, el clásico álbum de Spirou y Fantasio (obra de André Franquin) lanzado en 1960. Pero al estar apuntado a un público más amplio (no sólo infanto-juvenil) el largometraje –y por ende el comic en cuestión- ofrecen una trama más compleja, con más personajes, más peripecias y obviamente sin Spirou ni sus amigos. Los autores exploran a fondo el aspecto sociopolítico de Palombia y satirizan duro a su dictador. También se llevan palos tremendos las grandes cadenas de televisión. Obviamente, al lado de los dibujos de Franquin, a los de Batem y Colman les falta muchísima onda, pero en general están bien, respetan la consigna de que los personajes humanos se parezcan a los actores sin que eso desentone con la estética icónica del Marsupilami. No creo que me siente nunca a ver la peli, así que para mí Sur la Piste du Marsupilami será siempre un comic bastante entretenido, un toque más ambicioso que el típico álbum infanto-juvenil franco-belga, con el que pasé un buen rato.
Cierro con Crypto Zoo el tercero (y último) de los libros en los que Rick Veitch convierte sus sueños en historietas. Claramente se trata de ese tipo de bizarreadas que uno sólo compra cuando las ve a un precio ridículo. Ni drogado pago los u$ 18 que vale esto según su precio de tapa. Los argumentos son… sueños que tuvo Veitch en los ´70. El maestro los anotó y casi 25 años después los convirtió en comics que siguen la lógica de los sueños. Me imagino que un psicólogo la pasará bomba descubriendo signos, elementos que deschavan ciertas facetas de la psiquis del autor, pulsiones primales, atávicas… Yo me limité a no tratar de entender ni interpretar nada. Me dejé llevar por el vértigo de los relatos y me encantaron los dibujos, llenos de homenajes al Rey Kirby. El principal acierto de Veitch fue optar por una grilla única, la más clásica, la más accesible, la de tres tiras de dos viñetas. Y no sólo para homenajear a Kirby, sino para no agregarle extrañeza ni complejidad a historias que son, ya desde su origen onírico, bastante incomprensibles. El libro termina con una breve historieta a todo color donde Veitch sube grosso la apuesta en el dibujo, la narrativa y la prosa que nos ofrece en los bloques de texto. Broche de oro para un libro rarísimo, que recomiendo si te interesa particularmente la temática de los sueños, o si sos hardcore fan de este hiper-capo del Noveno Arte, nunca valorado en toda su dimensión.
Gracias por el aguante y la seguimos pronto!

jueves, 23 de junio de 2016

23/06: POWER MAN AND IRON FIST ESSENTIAL Vol.2

Hoy, una reseña como las de antaño. Me tomé varios días para bajarme este masacote de 624 páginas que retoma la historia de los Héroes de Alquiler justo donde deja el tomo reseñado aquel lejano 12/10/10. Acá tenemos todos los números entre el 76 y el 100 de esta serie decididamente menor dentro de lo que es la producción de Marvel de la primera mitad de los ´80. Aún así, sin chances ni pretensiones de jugar en Primera, hay varias cosas para rescatar, más allá de mi cariño por Luke Cage y Daniel Rand, quienes seguramente cosecharán millones de nuevos fans ahora que son parte del Universo Marvel de Netflix.
En la reseña del Vol.1 yo postulaba que si esta serie tiene algo así como una “etapa clásica”, tendría que ser la que cuenta con Mary Jo Duffy en los guiones, Kerry Gammil en los lápices y Ricardo Villamonte en las tintas. De esa papa bastante fina, este libro nos ofrece cinco episodios, los últimos cinco, porque Gammil se despide en el n°79. Villamonte se va en el n°81 y Duffy en el 84. Las historias en sí no son gran cosa, son aventuras menores de justicieros urbanos que operan al “nivel de la calle”. Hay un crossover con Daredevil (que estaba en las gloriosas manos de Frank Miller y Klaus Janson) que busca traerle nuevos lectores a la serie y después, peleas menores contra matones y villanos de la B que no suman ni restan. Lo atractivo pasa por el desarrollo de personajes, que es algo en lo que Duffy no defrauda en lo más mínimo. La guionista le abre el juego a varios secundarios interesantes, entre los que se destacan Misty Knight, Colleen Wing, Bob Diamond, D.W., y un personaje que yo creía que había sido creado para las series de Netflix y sin embargo ahora me entero que aparece en los comics de Power Man desde los ´70: la doctora Claire Temple, interpretada en la pantalla chica por Rosario Dawson.
Seguimos adelante y cuando no le queda más remedio, el coordinador de la serie, el maestro Denny O´Neil, se hace cargo de los guiones. Poquitos números, apenas cinco, entre los cuales hay un excelente unitario en el que Luke y Danny se cruzan con Moon Knight, otro paladín de tercera línea que en esa época operaba en New York. Está bueno también eso, que los guionistas hagan tanto énfasis en la ciudad. Este es un comic bien urbano, donde los héroes rara vez salen de New York, y tantos los textos como los dibujos reflejan (y a veces satirizan) muchos detalles de lo que era la vida en la Gran Manzana de los ´80.
Pero estamos en el n°90 y de nuevo nos quedamos sin guionista. Es la hora de que haga su debut un pibe de las inferiores, un tal Kurt Busiek. Estos primeros números de Busiek no están mal, pero son comics del montón, no hay grandes ideas, no le pega sacudones grossos a ningún personaje y dedica cuatro números a avanzar a ritmo muy tranqui hasta el n°100, que es un poco más grandilocuente que lo que veníamos viendo.
En materia de dibujantes, una vez que se va el exquisito Kerry Gammil entra otro pibe con poca experiencia: Denys Cowan, al que vemos mejorar de a poco, y al que le tocan entintadores muy disímiles, desde un interesantísimo Carl Potts hasta verduleros impresentables que merecen prisión perpetua. Los últimos siete episodios del tomo los dibuja el veterano Ernie Chan, en un estilo que ya para 1982-83 se veía anticuado. A veces lo dejan entintarse a sí mismo, pero en varios episodios lo entinta otro pibe que hacía su debut en Primera: Mike Mignola. Al principio, el combo Chan-Mignola hace agua por todos lados, porque los estilos chocan groseramente. Para los… dos últimos números, ya hay una mejor comunión gráfica entre el filipino que la descosía en Conan y el futuro creador de Hellboy.
Y no hay más. La revista de Power Man & Iron Fist llegó hasta el n°125 y esos 25 episodios finales no están recopilados en libro. La verdad que los Essentials no me dejaron tan cebado como para ponerme a juntar las revistitas. Pero después de Busiek toma los guiones Christopher Priest (cuando todavía se llamaba Jim Owsley) y eso es un gran punto a favor, así que quién te dice…

viernes, 17 de junio de 2016

LECTURAS DE ESTA SEMANA

¿Ya es viernes de nuevo? Cómo pasa el tiempo, ma-mita… Bueno, esta semana leí poco, tres libritos, nomás, que es más o menos la media de este último tiempo. A este ritmo, voy a terminar de bajar los pilones de material que tengo sin leer para el 2025, más o menos…
Arranco con el Vol.2 de Bárbara, que lo único choto que tiene es el prólogo ;). Este es el tramo de la saga en el que Ricardo Barreiro mete más bajada de línea política. Obviamente la aventura sigue al palo, hay explosiones, persecuciones, muertes truculentas de buenos y malos, una escena en la estación Plaza Italia del subte pensada como homenaje a El Eternauta, algún garchecito, sesudas explicaciones con más ciencia que ficción para algunos de los elementos de tinte más fantástico que Barreiro incorpora a las historias, y además queda espacio para jugar cartas fuertes a la hora de transmitir un mensaje político claramente revolucionario. ¿En 1980, plena dictadura militar? ¿Estaba loco ese tipo? Y, un poco sí. El apodo no se lo ganó gratis. Y además vivía en Europa, donde estaba mejor visto jugarla de Che Guevara desde una labor artística. Lo cierto es que las historias están buenísimas, la trama central avanza un montón, el desarrollo de Bárbara como personaje está muy logrado, e incluso el Loco se da el lujo de proponer juegos de narrativa bastante arriesgados para lo que era la historieta argentina de esa época. Los dibujos del maestro Juan Zanotto, bellísimos y potentes como nunca. Una auténtica maravilla.
Vamos con Crumple, una novela gráfica del ídolo Dave Cooper publicada por Fantagraphics allá por el 2000. Al igual que otros trabajos de Cooper, acá tenemos una historia salpicada de bizarreadas, inmundicias, groserías e incorrección política. De hecho (y mirá lo que te digo) no sé si hoy alguien se animaría a publicar una obra como esta, en la que lo más parecido a un villano es un grupo de minas feministas, a las que Cooper retrata como una patota de marimachos intolerantes. Por supuesto, el “héroe” tampoco es tal cosa: Knuckle es un perdedor nato, un pajero, mentiroso, cagón, insensible y con menos luces que la lancha del contrabandista. Y su amigo Zev es otra rata ventajera a la que sólo le interesa divertirse y ponerla. Con todo esto, Cooper arma una trama muy extraña y a la vez muy ganchera, que lleva inevitablemente a situaciones extremas, incómodas, en las que te cagás de risa incluso a pesar tuyo. Lo único que no me terminó de convencer es que Crumple se haya hecho en blanco y negro, porque (no hace falta que lo diga yo) el laburo de Cooper a color suele ser majestuoso. Igual en blanco y negro el dibujo se re-disfruta.
Y cierro con All-New Doop, esta extrañísima gema que nos regalara hace un par de años el maestro Peter Milligan, junto al español David Lafuente. Esto es rarísimo, de verdad. La historia sucede en paralelo con el intrincado crossover Battle of the Atom, que involucró a varios títulos de los X-Men allá por 2014. Milligan toma un motón de escenas de esa saga y nos las muestra desde otro lado, desde atrás, desde las márgenes, desde la óptica alienígena de Doop. Pero además se anima a indagar en Doop, y por fin sabemos quién es, de qué juega, de dónde viene y por qué hace lo que hace este personaje creado por el guionista inglés y Mike Allred en las páginas de X-Force. All-New Doop es poesía meta-comiquera pasada de rosca, con un montón de referencias cinéfilas (Ingmar Bergman, Humphrey Bogart, Alfred Hitchcock, etc.), con diálogos desopilantes y una libertad inverosímil que Milligan aprovecha a full. El dibujo de Lafuente está muy bien, obviamente no es Mike Allred, pero se banca con mucho decoro el contraste entre personajes más “realistas” (las versiones pasadas, presentes y futuras de los X-Men y sus enemigos) y personajes totalmente caricaturescos, como el propio Doop. Si te cebaste con X-Force y X-Statix, acá está el broche de oro a esa farsa inolvidable e insuperable pergeñada por Peter Milligan.
Hasta acá llegamos. Ni bien acumule algunas lecturas más, nos reencontramos por acá. Gracias y hasta la próxima!

viernes, 10 de junio de 2016

SEGUIMOS LEYENDO

Esta semana vengo leyendo a buen ritmo, así que ya tengo tres libros más para reseñar.
Empiezo con lo más antiguo, el Plastic Man Archives Vol.5. El Vol.3 lo reseñé el 19/07/13 y las diferencias básicas respecto de aquel tomo no son tantas: Plas no se disfraza tanto de mina, hay muchas más páginas de 6 viñetas que páginas de 8, hay algún que otro criminal con superpoderes (aunque ninguno luce trajes colorinches y estrambóticos) y no hay ninguna idea de esas que decís “ah, bueno, Jack Cole era un fuckin´genio”. Y sin embargo, las historias son invariablemente divertidas, redonditas, con algún giro impredecible, personajes atrapantes, chistes de humor verbal, mezclados con otros de humor físico y otros al filo del absurdo, todo dibujado con creciente soltura por un Cole inspiradísimo, más alguna aventura menor en la que lo reemplazan esbirros que copian milimétricamente su estilo. ¿Qué se le puede criticar a estas historias? Lo mismo que a todas las otras aventuras de superhéroes y/o justicieros enmascarados de los años ´40: casi no hay desarrollo de personajes y no existe la continuidad, no hay un orden obvio en el que es necesario leer estas 13 historietas, ni ninguna otra. Todo lo que sucede en una aventura es inmediatamente olvidado en la siguiente y cada punto final es un volver a empezar siempre desde el mismo lugar, como en Los Simpsons. Pero está todo bien, el Plastic Man de Cole es entretenido, estaba claramente adelantado a su época y eventualmente me compraré los tres Archives que me faltan para completar la colección.
¿Te acordás que un muy lejano 27/02/12 publiqué acá en el blog un prólogo que escribí para la edición española de Bárbara? Bueno, muchos años después me llegaron los tres tomos en los que 001 Ediciones recopiló la epopeya creada por Ricardo Barreiro y Juan Zanotto. Así que me bajé el Vol.1, del que me acordaba bastante, a pesar de haber leído este material por última vez hace más de 25 años. La edición española, si bien tiene un formato y unas portadas más lindas que las de Record, le resta un poco de lucimiento al dibujo de Zanotto, que se ve un tanto empastado. De todos modos, son páginas de 1979-80, cuando el maestro estaba atravesando una etapa mágica, en la que de su pluma brotaban una maravilla atrás de otra. Viñeta tras viñeta, te vas a hacer un festín con el trabajo de Zanotto en cuerpos, rostros, paisajes, naves, monstruos, escenas de acción, secuencias mudas, garches… todo está increíblemente bien dibujado. Y los guiones de Barreiro conservan buena parte de su filo, de su magia, y sobre todo la solidez con la que construye el mundo en el que se mueve Bárbara. Así que aún hoy esto puede ser recomendado e incluso venerado como se venera a los auténticos clásicos de la historieta argentina.
Y cierro con una verdadera joya: Isle of the 100,000 Graves, una obra de 2010 firmada por el genio noruego Jason, su habitual colorista Hubert, y una rareza: la presencia en este equipo de un guionista, nada menos que el inmenso Fabien Vehlmann. Es muy loco, porque si no te dicen que Jason trabajó sobre un guión de Vehlmann, no hay forma de darse cuenta. La historia tiene toda la onda, todo el clima, todo el ritmo, todo el capricho y todo el respeto por un género clásico de la aventura como cualquier otra obra “solista” del noruego, con lo cual uno se pregunta si Vehlmann demostró ser un genio adaptándose perfectamente al estilo de Jason, o si simplemente le tiró una idea recontra-básica y le dijo “desarrollá esto en tu estilo, como más te guste”. En cualquier caso, lo importante es que en Isle of the 100,000 Graves guión, dibujo y color se conjugan con maestría para una historia atractiva de punta a punta, con chistes boludos, sutiles toques de mala leche, personajes entrañables, peripecias extrañas y una trama que requiere de mucha acción, narrada con millones de trucos para desenfatizar la machaca. Una auténtica genialidad de estos dos ídolos europeos, que no pierde nada leída en la edición yanki de Fantagraphics. En España la editó Astiberri, pero acá en Argentina ese librito de 56 páginas vale una fortuna incalculable, por eso recomiendo la edición yanki, que sale mucho más barata.
Volveremos pronto con más reseñas. Gracias por el aguante.

lunes, 6 de junio de 2016

ALGUNAS LECTURAS MAS

¿Y, cómo va todo? ¿Cómo los trata la Revolución de la Alegría? Yo acá, resistiendo con aguante y leyendo poco, porque como el bondi está muy caro, trato de ir a todos lados caminando.
Arranco con el Vol.2 de Fairy Quest, de los maestros Paul Jenkins y Humberto Ramos, con los majestuosos colores de Leonardo Olea (la reseña del Vol.1 apareció el 22/08/14). La verdad es que, una vez presentados los personajes y el universo en el que se van a mover, Fairy Quest empieza a avanzar a un ritmo más sostenido que en el primer tomo. Jenkins convierte a la aventura en una road trip, la historia de un viaje, lo cual le permite presentar una atractiva sucesión de personajes y peligros para que enfrenten Red y Mr. Woof. Este segundo tramo ofrece una linda combinación entre acción, desarrollo de personajes y exploración de universo (el universo de los cuentos de hadas, Wonderland, Oz, su ruta) y el único problema que tiene es que es mucho menos autoconclusivo que el Vol.1. Es un tramo de la historia claramente puesto en función de un plan más grande, más ambicioso, que por sí solo no me satisfizo demasiado. Para peor, salió en 2015 y desde entonces no se han publicado ni anunciado nuevas entregas de Fairy Quest, o sea que, si la saga queda trunca, este segundo álbum perderá el poco sentido que tiene. Ojalá eso no suceda porque es una gran idea para una serie creator-owned. Y además, aunque se vaya todo a la mierda, siempre nos quedarán los dibujos de Ramos y los colores de Olea, que son una belleza. Olvidate de los dibujos y los colores que vemos en los típicos comic-books mensuales. Esto tiene el vuelo, la complejidad, la belleza, el cuidado por los climas y hasta me animo a decir la poesía de los buenos álbumes europeos, de esos que tienen 56 páginas pero requieren un año de laburo. Si sos fan de Humberto, esto lo tenés que tener SI O SI.
Pour en finir avec le cinéma, el muy galardonado libro de Blutch, se editó en EEUU con el nombre de “So Long, Silver Screen” y como lo vi muy barato, me lo compré. Nada, un embole. Los dibujos son increíbles, como no podía ser de otra manera. Y hay secuencias grandiosas, donde Blutch da cátedra de narrativa, de armado de las secuencias y creación de los climas. Pero las historias en sí rara vez me atraparon. En general son como mini-ensayos de Blutch acerca de películas, cineastas o actores que le gustan, le llaman la atención o lo obsesionan. Y en el medio, la historia de una pareja en la que el tipo es un cinéfilo pasado de rosca y la mina no está demasiado bien definida. Hay muchas proezas gráficas, hay data que seguro no sabías acerca de películas clásicas (tanto de Hollywood como francesas e italianas), pero el conjunto no me terminó de cerrar. Disfrazámela como quieras, pero sigue siendo un francés hablando de cine, o sea… un moplo pretencioso, que te manda a dormir temprano. Si sos hiper-fan de Blutch, y estás decidido a comprarte TODAS sus obras aunque más no sea para gozar a lo bestia con sus dibujos, entrale. Si no, seguí de largo.
Una serie que en su momento se publicó en Skorpio y pasó bastante desapercibida fue Nuevo Mundo, de los inmensos Ricardo Barreiro y Enrique Breccia. Ahora conseguí la edición española y aproveché para releer esta saga protagonizada por la diezmada tripulación de una carabela que sigue a las de Colón y termina en tragedia. Como en Avrack (reseñada el 06/04/12), los sobrevivientes se ven perdidos en una tierra extraña, llena de razas y criaturas fantásticas, pero a diferencia de esa otra saga, esta no tiene final, ni ninguna explicación para ninguna de las bizarras peripecias que vive el capitán Vallejos, que es el único que llega vivo al último episodio. O por lo menos al último episodio publicado, porque dudo que los autores hayan planeado terminar la serie ahí. Acá (además de las dosis de violencia y sexo tan típicas de la producción de Barreiro de la segunda mitad de los ´80), hay bastante poesía, y -como siempre- el dibujo del Churrique asombra, emociona, cumple y dignifica. Si te quieren vender Nuevo Mundo como la gema fundamental de la historieta argentina, obviamente te están tomando por boludo. Pero –si bien es menor en el contexto de la obra global de sus dos autores- no es una mala historieta, en absoluto.
Tengo leído un broli más, pero lo guardo para la próxima. Nos vemos pronto.


jueves, 26 de mayo de 2016

OTRAS TRES LECTURAS RECIENTES

Como siempre, no me pude aguantar y me leí el nuevo tomo de Bakuman (el Vol.12) ni bien lo compré. También como siempre, me reí, me emocioné, me divertí, aprendí, me sentí identificado y me maravillé con la calidad de los dibujos. La obra magna de Tsugumi Ohba y Takeshi Obata no afloja en ningún momento, siempre tiene nuevos giros, nuevos personajes que cobran protagonismo (en este tomo la rompe Shun Shiratori, el chico de familia cheta al que la mamá no lo deja ser mangaka porque “queda mal”), nuevos conflictos y mucha data acerca del backstage de los mangas más exitosos de Japón. La explicación de cómo y por qué las editoriales intevienen en las negociaciones con los estudios que quieren llevar los mangas al animé, por ejemplo, es algo que yo desconocía por completo y me resultó fascinante. Lo dicho: Bakuman no decae ni por casualidad. La magia está intacta y ahora que los Muto Ashirogi ya son profesionales asentados en la industria del manga, Ohba y Obata les encuentran nuevas aristas para explorar y para mantenernos totalmente enganchados con esta historia de sueños, pasión, talento y amistad.
Ya estamos casi a mitad de año y una de las… tres mejores historietas que leí en lo que va del 2016 es The Wrenchies, una novela gráfica de 2014, escrita y dibujada por el asombroso Farel Dalrymple. Acá está todo lo que me gusta de los comics, de verdad. Todo junto en un poco más de 300 páginas. La primera mitad, medio que te confunde. Aparecen conceptos atractivos, hay una intriga grossa, pero Dalrymple no te convence de que todo eso se va a articular (con perdón de la palabra) en una trama potente y sólida.
Pero en la segunda mitad, el autor hace un pase de magia y todo cobra muchísimo sentido, todo encaja como en un rompecabezas perfecto. Desde esas escenas sórdidas y violentas que me hicieron acordar a El Aneurisma del Chico Punk de Rezno Podestá, a esas secuencias más intimistas al borde de la burla, que me recordaron a trabajos de Chris Ware (en el tono, no en la faz gráfica). De pronto, Dalrymple logra alinear los planetas y The Wrenchies levanta un vuelo único, irrepetible, entre épico y poético, atrapante y conmovedor.
En el dibujo conviven influencias de autores “extraños” como Dave Cooper y Ben Katchor, con las de dibujantes más “accesibles” como Paul Pope, Mike Mignola y Moebius. El resultado es absolutamente original y lo pone a Dalrymple allá arriba, en el Olimpo de los autores a los que hay que comprarles todo lo que publiquen. The Wrenchies es una auténtica joya del Noveno Arte y no me alcanzan las palabras para recomendarla.
Cambio de tema y me voy con el Hulk de Mark Waid que –como buen pelotudo- estoy leyendo en desorden. Leí el Vol.1 allá por el 26/06/15 y este vendría a ser el Vol.5. Lo peor es que en la pila de los pendientes tengo seguro el Vol.2. En fin… La historia no está mal, es el típico “guarda que acá cambia para siempre el status quo del personaje”. Obviamente sabés que el “para siempre” es chamuyo y acá en apenas cuatro episodios todo vuelve a la normalidad. En el medio hay dosis estremecedoras de machaca, bastante desarrollo de personajes (especialmente del Dr. Aaron Carpenter, creado por Waid para esta saga y retro-injertado en la continuidad como viejo amigo y colega de Bruce Banner) y un montón de diálogos graciosos, con el inconfundible ingenio de este notable demiurgo del mainstream. El dibujo corre por cuenta de Mark Bagley, muy bien, con mucha fuerza, con una narrativa a prueba de balas y algún achaco menor a Bryan Hitch. Como suele suceder, se podría haber contado prácticamente la misma historia sin las peleas entre monstruos musculosos, pero así es como funciona este género. Waid y Bagley lo entienden a la perfección, por eso si sos fan de Hulk esta saguita te va a resultar entretenida, impactante y bastante satisfactoria.
Vuelvo pronto con más reseñas y les reitero a los amigos uruguayos la invitación para encontrarnos este sábado 28 y domingo 29 en Montevideo Comics, junto a próceres como Maitena, Horacio Lalia, Ron Marz y Rubén Pellejero, entre otros.